Artículo completo
sobre San Martín de Unx
Pueblo medieval escalonado famoso por sus vinos rosados y su iglesia románica con cripta
Ocultar artículo Leer artículo completo
A última hora de la tarde, cuando el sol cae desde el lado de las viñas, la piedra de San Martín de Unx toma un tono entre miel y polvo. Las calles quedan casi vacías. Solo algún coche que sube despacio y el eco de unos pasos contra el empedrado. En ese momento se entiende bien el ritmo del pueblo.
El turismo en San Martín de Unx suele empezar así, caminando sin mucha prisa por un casco antiguo pequeño, agarrado a la ladera. Alrededor se extiende la Zona Media navarra: viñedo, cereal y lomas suaves que cambian de color según el mes. En otoño el paisaje se vuelve ocre y rojizo; en primavera, verde brillante después de la lluvia.
La iglesia románica que guarda siglos
La iglesia de San Martín de Tours aparece de golpe al subir por las calles altas. Es robusta, de piedra gruesa, con ese aire casi defensivo que tienen algunos templos románicos de Navarra. La torre domina el caserío y se ve desde varios puntos del valle.
El edificio original se levanta en el siglo XII, aunque después llegaron ampliaciones. Dentro conviven restos románicos con un gran retablo barroco añadido siglos más tarde. El contraste se nota en las texturas: piedra más austera en los muros y madera dorada en el altar.
No siempre está abierta. En pueblos pequeños como este depende mucho del momento del día o de si hay alguien con la llave cerca.
Calles que narran su historia
El casco antiguo mantiene un trazado irregular, con calles que suben y giran siguiendo la pendiente. Las casas están muy pegadas entre sí. Muchas conservan escudos en la fachada o portales de piedra con dinteles tallados.
Al levantar la vista aparecen balcones estrechos de hierro y aleros de madera oscurecida por los años. No es un conjunto monumental, pero sí coherente. Todo parece construido con la misma lógica: protegerse del viento y aprovechar cada metro de la ladera.
Conviene caminar despacio. El empedrado tiene tramos irregulares y algunas cuestas son más pronunciadas de lo que parecen desde abajo.
La ermita de San Miguel y el borde del pueblo
A las afueras, a pocos minutos andando, está la ermita de San Miguel. Es un edificio pequeño y sencillo, también con origen románico. Los muros muestran reparaciones y capas de tiempo, como suele pasar en ermitas que han seguido usándose durante siglos.
Desde allí el paisaje se abre. Los viñedos rodean el pueblo en varias direcciones y marcan bien la economía de la zona. En época de vendimia es habitual ver movimiento en los caminos agrícolas y tractores entrando y saliendo del pueblo.
El lugar funciona más como mirador tranquilo que como excursión larga.
Caminos entre viñas y cereal
Alrededor de San Martín de Unx salen varios caminos rurales. Algunos siguen el borde de las parcelas de viñedo; otros se adentran entre campos de cereal que en verano se vuelven casi dorados.
No son rutas señalizadas como tal en todos los casos. Aun así, caminar un rato por cualquiera de estos caminos ayuda a entender el paisaje de la Zona Media. El olor a tierra seca en verano y el silencio del campo al atardecer forman parte de la experiencia tanto como el propio pueblo.
El vino es una presencia constante en la comarca. La tradición vitivinícola aquí viene de lejos y sigue marcando el calendario agrícola.
Un paseo corto por el pueblo
San Martín de Unx se recorre en poco tiempo. Una buena forma de empezar es subir poco a poco hacia la iglesia y después perderse por las calles que rodean la parte alta.
Desde varios rincones aparecen vistas sobre los campos. No son grandes miradores señalizados. A veces basta un hueco entre dos casas o el final de una calle que se abre al paisaje.
En una hora o dos se puede caminar todo el casco urbano con calma.
Antes de ir
El pueblo tiene cuestas y bastante piedra irregular. Mejor llevar calzado firme.
Si llegas en coche, suele ser más cómodo aparcar en la parte baja o en los accesos y continuar a pie. Las calles del centro son estrechas y maniobrar puede resultar incómodo.
Y un detalle sencillo: a primera hora de la mañana o al final de la tarde el pueblo cambia mucho. Hay menos movimiento y la luz sobre las fachadas de piedra revela mejor los relieves, las grietas y los colores apagados de las casas antiguas. Ahí San Martín de Unx se deja mirar con más calma.