Artículo completo
sobre Ujué
Uno de los pueblos más bonitos de España; villa medieval defensiva coronada por una iglesia-fortaleza santuario
Ocultar artículo Leer artículo completo
A media mañana, cuando el sol ya cae de lleno sobre la piedra, Ujué se ve desde abajo como una silueta compacta. La iglesia‑fortaleza de Santa María queda arriba del todo, gris y maciza, como si sujetara el cerro. Al acercarse, el viento se cuela por las calles estrechas y raspa las esquinas. Huele a campo seco y a tierra caliente. Desde la explanada, los campos de la Zona Media se abren en ondas suaves que cambian de color según la estación.
Ujué tiene poco más de ciento sesenta habitantes. Se nota enseguida. No hay prisa en las calles ni ruido constante. Solo el viento, algún coche que sube despacio y el eco de los pasos sobre la piedra.
La fortaleza que guarda el cerro
La iglesia de Santa María mezcla funciones religiosas y defensivas. Los muros gruesos y las torres hablan de un tiempo en que este alto vigilaba el territorio. Dentro domina la piedra desnuda. Los arcos son sobrios y la luz entra filtrada, más fría que fuera.
La imagen de la Virgen ha sido lugar de devoción durante siglos. Aun hoy llegan caminantes en determinados momentos del año. Al salir al exterior, la terraza que rodea el templo permite rodearlo despacio. Desde ahí el paisaje se abre hacia todas partes. En días de viento fuerte se oye cómo el aire golpea los muros y se desliza por las almenas.
Calles que todavía siguen el relieve
El casco antiguo no es grande, pero obliga a caminar con calma. Las calles empedradas suben y bajan siguiendo la pendiente del cerro. Algunas son tan estrechas que apenas entra el sol a ciertas horas.
La antigua muralla todavía aparece en algunos tramos. No siempre se reconoce a primera vista; se confunde con las propias casas. En medio de ese entramado aparece la llamada Casa del Almirante, con una fachada de piedra más trabajada que las demás. No hay señal que obligue a detenerse. Simplemente está ahí, en una de las calles altas.
Conviene llevar calzado con suela firme. La piedra pulida y las cuestas largas se notan en las piernas.
Senderos alrededor del pueblo
Fuera del núcleo salen varios caminos que rodean el cerro. Algunos están señalizados y permiten alejarse unos minutos para ver el perfil completo del pueblo. Desde abajo, la iglesia y las casas parecen una sola pieza de piedra apoyada sobre la loma.
Dar la vuelta por estos senderos suele llevar un rato tranquilo de paseo. El terreno cambia bastante según la época. En otoño o invierno puede estar húmedo y algo resbaladizo.
En el pueblo siguen preparándose productos muy ligados a la tradición local, como las migas o las almendras garrapiñadas que se venden en pequeñas cantidades. Son sabores sencillos, de los que aparecen en las fiestas o en las cocinas de siempre.
La romería que llega a pie
A finales de abril suele celebrarse la romería desde Tafalla hasta Ujué. Son varios kilómetros de camino que muchos hacen andando hasta alcanzar la iglesia del cerro. Ese día el pueblo cambia por completo: llegan grupos, se escuchan campanas y la plaza se llena de movimiento.
En verano llegan también las fiestas patronales, y en septiembre suele haber actos ligados a la Natividad. Si coincides con esas fechas, conviene informarse antes. Los accesos y el ambiente no tienen nada que ver con un día cualquiera.
Dos horas caminando sin prisa
Ujué se entiende rápido si uno camina sin rumbo fijo. Desde la parte baja basta con seguir alguna de las calles empinadas que suben hacia Santa María. El recorrido termina casi siempre en la explanada del templo.
Después merece la pena rodear el edificio, asomarse al paisaje y volver a bajar por otra calle distinta. La luz cambia mucho durante la tarde. Las fachadas pasan del gris al naranja suave cuando el sol empieza a caer.
Lo que conviene tener presente
Las cuestas son constantes. No largas, pero sí empinadas. En verano el sol pega directo sobre la piedra, así que es mejor evitar las horas centrales del día.
Entrar con coche hasta el núcleo alto puede resultar incómodo. Lo habitual es dejarlo en las zonas de acceso y terminar el camino a pie.
El pueblo es pequeño y los servicios son limitados. Si la idea es pasar varias horas, no está de más llevar agua y algo de comida.
Al final, Ujué funciona mejor como parada dentro de una ruta por la Zona Media. Se llega, se camina despacio entre las calles y, cuando uno se aleja por la carretera, la silueta de la iglesia vuelve a quedar sola sobre el cerro. Durante un rato sigue viéndose en el retrovisor. Luego desaparece entre las lomas.