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sobre Areatza (Villaro)
Valles y caseríos a un paso de Bilbao, con mucha vida local.
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Hay pueblos que visitas con una lista mental de cosas que ver. Y luego están los otros, los que se recorren un poco como cuando sales a dar una vuelta después de comer: sin prisa y sin plan. El turismo en Areatza va más por ahí. Este pueblo de Arratia, en Bizkaia, no intenta impresionar a nadie. Casas antiguas, calles estrechas, monte alrededor y bastante vida de pueblo. Lo curioso es que, cuanto menos espectáculo esperas, más a gusto acabas paseando.
Qué ver en un rato
Uno de los edificios que más llaman la atención es el Palacio Urrutia, una construcción del siglo XVI con fachada de buena piedra y varios escudos tallados. Es de esos sitios que miras un rato desde la calle y ya te haces una idea de la historia que ha pasado por ahí. Más que entrar —cuando se puede—, casi apetece quedarse fuera mirando los detalles de la fachada.
La iglesia de San Juan Bautista está muy cerca, integrada en el centro del pueblo como una casa más, aunque con más presencia. No es de esas iglesias que abruman nada más entrar; aquí todo es bastante sobrio. Encaja bien con el ambiente de Areatza: funcional, sin demasiada decoración, como si siempre hubiera estado ahí formando parte de la vida diaria.
Lo que más compensa, de todas formas, es caminar sin rumbo fijo por el casco antiguo. Hay balcones de madera, portadas de piedra y algunas casas que todavía conservan ese aire medieval que aparece cuando te fijas un poco. A veces ves torres antiguas mezcladas con edificios más recientes, algo bastante común en pueblos que han seguido vivos en lugar de quedarse congelados para la foto.
Y a pocos pasos está el río Arratia. No es un paseo monumental ni nada parecido, pero sí un buen sitio para parar un momento, escuchar el agua y bajar el ritmo después de dar vueltas por las calles.
Senderos y caminos cercanos
Areatza funciona bastante bien como base para moverse por el entorno del Gorbeia. De hecho, mucha gente pasa por aquí camino de la montaña. Desde el pueblo salen rutas que atraviesan bosques y zonas de caseríos donde todavía se trabaja la tierra. Caminando por esos caminos te cruzas más con vecinos que con excursionistas.
Otra opción sencilla es la vía verde del Arratia. Es un recorrido amplio y bastante cómodo para caminar o ir en bici. Los propios vecinos la usan mucho para pasear, así que el ambiente es más de día normal que de excursión organizada.
Después de andar, la comida suele ir en la línea de la zona: cocina vasca de la de siempre, platos contundentes y bastante producto local. En invierno apetecen pucheros calientes; en verano, cosas más ligeras pero igual de generosas. Nada sofisticado, pero sales con la sensación de haber comido como toca.
Lo que quizá no te cuentan
El casco antiguo se recorre rápido. En una hora puedes haber pasado por casi todas las calles del centro. Si vienes pensando en una visita larga llena de monumentos, probablemente se te quede corto.
Pero Areatza funciona mejor como punto de partida. En cuanto sales un poco del centro aparecen senderos, pistas entre bosques y carreteras pequeñas que se meten en el valle. Ahí es donde el paisaje empieza a ganar peso.
El Parque Natural de Gorbeia queda relativamente cerca y es el gran imán de la zona. Eso sí, la montaña aquí se toma en serio: el tiempo cambia rápido y los caminos pueden estar embarrados después de varios días de lluvia. Nada dramático, pero conviene ir preparado.
En unas horas
Si vienes con poco tiempo, el plan es bastante sencillo: aparcar cerca del centro, dar una vuelta por la plaza y las calles antiguas, acercarte al Palacio Urrutia, pasar por la iglesia y terminar el paseo junto al río. Después puedes alargar la caminata por la vía verde o coger el coche y explorar el valle.
No es un lugar para tachar muchos monumentos de una lista. Es más bien ese tipo de sitio donde te das una vuelta tranquila, miras las casas con calma y sigues camino con la sensación de haber visto un pueblo que sigue siendo pueblo.
Errores comunes
El primero es confiarse con el tiempo. En esta parte de Bizkaia una mañana despejada puede convertirse en lluvia en cuestión de minutos. Una chaqueta impermeable en el coche suele evitar disgustos.
También conviene tener paciencia con el coche en el centro histórico. Las calles son estrechas y algunas maniobras se hacen justas. Muchas veces compensa dejar el coche un poco más afuera y entrar andando.
Y si vas hacia el monte, sentido común: barro, niebla y cambios de temperatura forman parte del paisaje. Nada fuera de lo normal, pero mejor tenerlo en cuenta antes de salir.