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sobre Balmaseda (Valmaseda)
Valles y caseríos a un paso de Bilbao, con mucha vida local.
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Balmaseda se recorre rápido. El problema suele ser el coche. Si llegas después del mediodía, encontrar sitio cerca del casco histórico se complica. Arriba, en las zonas más altas, suele haber hueco. Abajo toca dar vueltas.
El puente que fue aduana
Cruzar el Puente Viejo es lo primero que haces en Balmaseda. Durante siglos se pagó peaje aquí. El puente es del XIII y tiene un torreón en medio. Debajo pasa el Cadagua. Dos fotos y sigues andando.
El casco histórico es pequeño. Dos calles largas y algunos edificios antiguos. Hay casas de indianos bastante llamativas, levantadas cuando el dinero volvió de América. La torre de San Juan toca el himno local varias veces al día. La mayoría sigue caminando.
La plaza no es gran cosa. Los domingos suele haber mercadillo. La iglesia de San Severino guarda un retablo notable, aunque no cambia el viaje. El palacio Horcasitas aparece de repente entre las casas. A veces abre, a veces no.
Todo queda cerca. No hay cuestas duras ni barrios donde perderse. Si llueve, los soportales ayudan.
La fábrica que hizo boinas
La Encartada está a unos minutos del centro. Fue una fábrica de boinas que abrió a finales del XIX y trabajó hasta 1992. Hoy funciona como museo.
Dentro siguen las máquinas, las cardadoras, los telares y la turbina hidráulica que movía todo. También el comedor donde comían las obreras. La visita explica bien cómo funcionaba la fábrica y cómo era el trabajo. Hace frío dentro, incluso en días templados.
Se llega andando por carretera. Está señalizado.
Las putxeras y poco más
La putxera es el plato típico de Balmaseda. Un guiso de alubias con chorizo y morcilla que preparaban los maquinistas del tren mientras trabajaban. Hoy aparece en casi cualquier menú del pueblo.
No tiene misterio. Es un cocido de alubias bien hecho.
Cada 23 de octubre, por San Severino, se organiza un concurso de putxeras. Se cocina en el frontón y participa medio pueblo. También hay versión infantil. El ambiente es más local que turístico.
En ferias y fiestas suele aparecer el txakoli de la zona. Algo más suave que el de la costa.
Subir o no subir al Kolitza
El Kolitza está justo encima del valle. Desde Balmaseda salen varias rutas. La subida clásica ronda los seis kilómetros de ida y tarda algo más de una hora. Arriba queda una ermita románica y buenas vistas del valle cuando el día está despejado.
El sendero está marcado y no tiene pasos complicados, aunque la subida se nota. Si entra la niebla, que pasa a menudo, las vistas desaparecen.
También hay paseos más tranquilos. Uno sigue el río Cadagua varios kilómetros en llano. Otro busca restos de antiguas ferrerías del siglo XVI, aunque algunos quedan medio tapados por la vegetación.
Cuándo ir y cómo moverse
Primavera suele ser el momento más agradable en Balmaseda. El valle está verde y se camina bien. En otoño el paisaje también acompaña, pero la lluvia aparece más a menudo. En invierno la niebla puede taparlo todo durante horas.
En Semana Santa el pueblo organiza la Pasión Viviente. Participan cientos de vecinos y se llena bastante. En octubre también montan un mercado medieval que ocupa varias calles.
Desde Bilbao hay autobuses frecuentes y el trayecto ronda los cincuenta minutos. En coche se llega por la A‑8. Conviene dejar el vehículo en los aparcamientos exteriores y bajar andando al centro, que es peatonal.
Con medio día vas sobrado. Puente, casco histórico, la fábrica de boinas y algo de monte si te apetece estirar las piernas. Si alargas la visita, que sea para caminar por el valle. Balmaseda no necesita mucho más tiempo.