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sobre Ea
Cantábrico, acantilados y sabor marinero en el corazón vasco.
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Hay pueblos que se recorren con mapa y otros que se entienden en diez minutos de paseo. Ea pertenece claramente al segundo grupo. En cuanto cruzas el puente y ves la ría metiéndose entre las casas, el sitio se explica solo. No hace falta buscar mucho más.
El turismo en Ea suele empezar exactamente ahí: con ese primer vistazo al agua tranquila, las fachadas pegadas al canal y la sensación de que todo ocurre a escala pequeña. El pueblo apenas supera los 800 vecinos y se nota. Aquí no hay grandes avenidas ni plazas enormes; todo gira alrededor de la ría y del puente que la cruza.
El puente y el centro del pueblo
El puente de piedra es el punto donde casi todo el mundo acaba pasando varias veces. No porque sea monumental, sino porque organiza el pueblo. De un lado quedan varias casas alineadas junto al agua; del otro, el camino que lleva hacia la playa.
No está del todo claro para el visitante cuándo se construyó el puente original, aunque se sabe que lleva siglos siendo el paso principal. Lo curioso es cómo condiciona la vida diaria: gente cruzándolo con bolsas, vecinos parándose a charlar apoyados en la barandilla, críos mirando el agua cuando baja la marea.
Muy cerca está la iglesia de Santa María de la Asunción. No es un edificio que te deje boquiabierto, pero encaja bien con el tamaño del pueblo. Fachada sobria, volumen sencillo y esa sensación de que siempre ha estado ahí.
La ría y la pequeña playa
En Ea todo queda cerca. Desde el puente hasta la playa hay un paseo corto siguiendo la ría, de esos que haces casi sin darte cuenta.
Primero ves pequeñas embarcaciones amarradas y alguna rampa donde bajan al agua. Luego la ría se abre y aparece la playa. No es grande, pero funciona bien para un baño rápido o para sentarse un rato mirando el Cantábrico. Cuando sube la marea el paisaje cambia bastante y el agua se mete de nuevo hacia el interior del pueblo.
En invierno el ambiente es mucho más tranquilo. Algunos vecinos bajan a pasear por la arena o a mirar el mar un momento antes de volver a casa.
La subida hacia Bedarona
Si te apetece moverte un poco más, desde Ea sale la carretera que sube hacia el barrio de Bedarona. La distancia no es grande, pero la cuesta se hace notar.
Es de esas subidas que parecen cortas desde abajo y luego te obligan a bajar el ritmo. Arriba el paisaje se abre bastante más: prados, caseríos dispersos y vistas hacia la costa. Nada espectacular, pero sí muy representativo de esta parte de Bizkaia.
Senderos alrededor de la ría
Los alrededores de Ea se prestan bastante a caminar sin demasiada planificación. Hay caminos que siguen la ría y otros que se meten hacia las colinas cercanas.
También pasa por la zona una variante del Camino de Santiago que recorre la costa vasca, así que no es raro cruzarse con peregrinos. Aun así, el ritmo suele ser tranquilo. No es un lugar donde veas grandes grupos caminando.
Si te gusta andar, con un par de desvíos ya estás metido en paisaje rural: prados cerrados con muros, caseríos antiguos y carreteras estrechas donde apenas pasan coches.
Cuándo ir y qué tener en cuenta
Entre semana, fuera del verano, Ea suele estar muy calmado. Puedes cruzar el puente varias veces sin encontrarte casi a nadie más que vecinos.
En julio y agosto la cosa cambia. No llega a saturarse, pero el tamaño del pueblo hace que se note enseguida cuando llega más gente. Aparcar cerca del centro puede requerir dar alguna vuelta, así que conviene llegar pronto o dejar el coche un poco más lejos y entrar andando.
Mi consejo aquí es sencillo: ven sin prisa y no intentes convertir la visita en una excursión larga. Ea funciona mejor como parada breve dentro de Urdaibai. Das un paseo por la ría, cruzas el puente un par de veces, miras el mar… y cuando te quieres dar cuenta ya lo has entendido todo. Y eso, en realidad, es parte de la gracia.