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sobre Murueta
Valles y caseríos a un paso de Bilbao, con mucha vida local.
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Hay pueblos que visitas porque has visto mil fotos antes. Y luego están los otros, los que aparecen casi por casualidad cuando vas camino de otro sitio. El turismo en Murueta funciona un poco así. Vas hacia Mundaka, Gernika o la ría de Urdaibai… y de pronto ves un núcleo pequeño, pegado a los humedales, que parece ir a otro ritmo.
Murueta es diminuto —apenas unos cientos de vecinos— y no intenta aparentar más de lo que es. Casas dispersas, caseríos que siguen en uso y esa sensación de que el paisaje manda más que el propio pueblo.
Un núcleo pequeño alrededor de la iglesia
El centro de Murueta gira alrededor de la iglesia de San Bartolomé. Es un edificio sobrio, de piedra, con una sola nave y una torre sencilla. No impresiona por tamaño, pero encaja bien con el entorno. Es el tipo de iglesia que parece pensada para la vida diaria del pueblo, no para salir en postales.
Alrededor se agrupan varias calles cortas y algunos caseríos tradicionales. Muchos siguen siendo viviendas familiares o explotaciones pequeñas, así que el ambiente es bastante cotidiano: coches aparcados junto a portones grandes, huertas detrás de las casas y herramientas apoyadas en la pared.
No es un casco histórico para pasear una hora entera mirando fachadas. Más bien das una vuelta tranquila y en pocos minutos te sitúas.
El verdadero paisaje está en la ría
Lo interesante de Murueta está alrededor, no tanto dentro del pueblo. La cercanía a la ría de Mundaka y a los humedales de Urdaibai cambia completamente el ambiente.
Si has estado en otras zonas del estuario, reconocerás enseguida el paisaje: canales de agua tranquila, praderas bajas y zonas de juncos que cambian según sube o baja la marea. En días calmados el agua queda casi como un espejo, y es fácil ver aves moviéndose entre los esteros.
Quien lleve prismáticos suele entretenerse bastante por aquí. Garzas, cormoranes y otras aves acuáticas aparecen con frecuencia en estos humedales, aunque como siempre en la naturaleza, depende del día y de la paciencia que tengas.
Pasear sin prisa por los caminos rurales
Murueta no es un lugar de rutas señalizadas cada pocos metros ni de miradores preparados con barandilla. Aquí la gracia está en caminar por carreteras locales y caminos agrícolas que conectan las casas y las parcelas.
El terreno es bastante suave comparado con otras zonas de Bizkaia. Aun así, hay alguna cuesta que se nota, sobre todo si sopla viento desde la ría. Nada dramático, pero conviene tenerlo en cuenta si vas andando o en bici.
Mientras avanzas ves huertos, praderas y pequeños canales de drenaje que llevan el agua hacia la ría. En algunos terrenos todavía se cultivan productos de huerta de forma bastante tradicional. Esa mezcla de campo y humedal es lo que da carácter al lugar.
Conexiones con otros pueblos de Urdaibai
Desde Murueta salen carreteras y caminos que enlazan con otros puntos conocidos de la comarca. Gernika queda relativamente cerca, igual que Kortezubi o la zona de Mundaka.
Mucha gente pasa por aquí precisamente de camino a esos sitios. Y no es mala idea parar un rato, estirar las piernas y ver cómo cambia el paisaje cuando te alejas un poco de las zonas más visitadas del estuario.
Cosas que conviene tener en cuenta
Si vienes esperando museos, centros de interpretación o un calendario lleno de actividades, probablemente se te quedará corto. Murueta es más bien un pueblo donde la vida sigue su curso sin pensar demasiado en el visitante.
También es importante moverse con respeto. Las calles son estrechas y muchas casas tienen acceso directo desde la carretera, así que conviene aparcar con cabeza y no invadir entradas o zonas verdes.
Una parada breve, pero con sentido
Murueta es ese tipo de sitio que se entiende rápido. Das un paseo, miras la ría, escuchas el silencio del humedal y sigues camino. No hace falta dedicarle un día entero.
Pero si te paras un rato, aunque solo sea media hora, te llevas una imagen bastante clara de cómo se vive en esta parte de Urdaibai: entre agua, prados y caseríos que llevan ahí mucho antes de que alguien pensara en hablar de turismo.