Artículo completo
sobre Okondo (Oquendo)
Piedra, historia y paisaje atlántico en el interior vasco.
Ocultar artículo Leer artículo completo
Hay un momento, cuando dejas la carretera principal y empiezas a bajar hacia el valle, en el que el coche parece entrar en una lavadora verde. No es metáfora: las laderas de Okondo se te vienen encima por todos lados. Sales de Vitoria y, en poco rato, el GPS dice que aquí viven poco más de mil personas. Y miras alrededor pensando: ¿seguro? Lo que ves son prados, caseríos, vacas y montes que parecen cerrarse alrededor del valle.
Ese es el primer contacto con Okondo, en la comarca de Ayala: un sitio pequeño, tranquilo y bastante ajeno al ruido turístico.
Un valle donde cada barrio va a su ritmo
Okondo no funciona como el típico pueblo con una calle principal y todo alrededor. Aquí la vida está repartida en barrios y caseríos. Zudubiarte suele hacer de centro administrativo, pero mucha gente vive en otros núcleos del valle, repartidos entre prados y pequeñas carreteras.
Llegas a la zona de la iglesia de San Bartolomé y la escena es bastante sencilla: frontón, algunas casas, coches aparcados y ese silencio de pueblo donde parece que todo pasa más despacio. Es el tipo de sitio donde entras a un bar y la conversación lleva ya un rato en marcha.
Si preguntas por el txakoli de la zona, seguramente te hablen del que se produce en el valle. Forma parte de la denominación Arabako Txakolina y tiene ese punto ácido y fresco que aquí encaja bien con el paisaje húmedo y verde. No hace falta ponerse técnico: entra fácil, sobre todo si vienes de caminar.
Subir a los montes que rodean el valle
Mirando el mapa te das cuenta rápido de una cosa: Okondo está rodeado de montes. No son gigantes, pero cierran el valle como si lo protegieran.
Una de las rutas más habituales es subir hacia las cimas cercanas como Idubaltza o Bortaun. No es una excursión extrema, pero tiene tramos que te recuerdan que estás en terreno de montaña. Caminas por pistas, senderos entre bosque y prados donde casi siempre hay ganado pastando.
Lo curioso es lo rápido que te quedas solo. Sales del pueblo, andas un rato, y el ruido desaparece. Solo viento, algún cencerro y las botas contra el suelo.
Cuando alcanzas la parte alta entiendes bien cómo es el valle: caseríos dispersos, prados muy verdes y el pueblo encajado abajo como si alguien lo hubiera colocado ahí con cuidado.
El pequeño museo que explica cómo se vivía aquí
Okondo también tiene un museo etnográfico municipal. No es grande ni pretende serlo. Más bien parece una de esas colecciones hechas con paciencia durante años.
Hay herramientas de campo, objetos de casa, ropa tradicional y fotografías antiguas del valle. Cosas que cuentan cómo era la vida en los caseríos cuando todo giraba alrededor del ganado, el bosque y la tierra.
Lo interesante es que muchas piezas vienen de las propias familias del municipio. No es un museo de grandes vitrinas; es más bien una forma de guardar memoria de cómo se trabajaba y se vivía aquí hace no tanto.
Comer en el valle: cocina de caserío
Si te quedas a comer en Okondo, la lógica es bastante clara: cocina contundente y producto de la zona. En muchas mesas aparecen guisos de pescado, carne a la parrilla o queso de oveja acompañado de pan y sidra o txakoli.
No hace falta un mapa gastronómico complicado. Preguntas a la gente del pueblo y te indican hacia dónde ir. Es bastante habitual que te digan algo como “sigue esa carretera y lo verás”.
Y suele funcionar.
Cuando el valle se junta: la feria del caserío
Una de las citas más conocidas del municipio es la Feria del Caserío, que suele celebrarse en primavera. Ese día el pueblo cambia bastante de ritmo.
Aparecen puestos con productos del entorno: quesos, pan, embutidos, verduras de huerta, sidra o txakoli del valle. También hay ambiente de cuadrillas, familias paseando y gente que baja de los caseríos a pasar el día en el centro.
No es una feria gigantesca. Más bien parece una reunión grande del propio valle, con visitantes que se acercan desde otros pueblos de Ayala o desde Bilbao.
¿Merece la pena acercarse a Okondo?
Te lo diría así: Okondo es ese tipo de sitio que no intenta llamar la atención. No hay calles llenas de tiendas ni colas para hacer fotos.
Lo que hay es un valle verde, rutas sencillas por el monte, caseríos repartidos por las laderas y un ritmo bastante tranquilo. Si vienes esperando espectáculo, probablemente se te quede corto. Si vienes a caminar un rato, comer bien y ver cómo es esta parte de Álava sin demasiados adornos, funciona.
Mi consejo: acércate una mañana, date una vuelta por el valle o sube a alguno de los montes cercanos, come con calma y luego vuelve a la carretera. En unas horas te llevas una buena idea de cómo es Okondo. Y a veces eso es justo lo que apetece.