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sobre Lagran
Verde intenso, caseríos y montañas cercanas con rutas y miradores.
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Lagrán se asienta en la vertiente sur de la Sierra de Toloño, dentro de la Montaña Alavesa. Esta es una comarca de transición, un territorio alto que media entre la Llanada Alavesa y las tierras más cálidas del valle del Ebro. A unos 750 metros, el paisaje lo forman campos de cultivo, manchas de robledal y una red de caminos agrícolas que enlazan pueblos pequeños y distantes entre sí.
El núcleo es compacto, como suele ser aquí. Las casas se agrupan en torno a la iglesia, siguiendo el desnivel suave de la ladera. Se ven construcciones de piedra con tejados de teja y portones de madera grandes, una arquitectura pensada para el uso agrícola más que para otra cosa. No hay grandes monumentos; el interés está en cómo el pueblo se encaja en el terreno.
La iglesia y el caserío
La iglesia de San Juan Bautista ocupa el centro. El edificio actual se levantó en el siglo XVI, con reformas posteriores. Es una construcción sobria, de piedra, con una torre que sobresale por encima de los tejados. Dentro se conserva un retablo barroco de dimensiones modestas, acorde con el tamaño de la parroquia.
Alrededor se organizan unas pocas calles, cortas y algo irregulares. Las casas son de mampostería, con sillería en esquinas y vanos. En algunas fachadas quedan portones anchos y herrajes antiguos, un indicio de cuando la planta baja se usaba para guardar aperos o animales.
En las salidas del pueblo aparecen enseguida los campos. Las parcelas están delimitadas a menudo por muros de piedra seca, una solución muy extendida en la comarca. El cereal ha sido tradicionalmente uno de los cultivos principales. Entre las parcelas crecen bosquetes de roble y matorral bajo.
Caminos hacia la sierra
La relación con la Sierra de Toloño es directa. Desde Lagrán salen pistas y caminos agrícolas que se acercan poco a poco a las primeras laderas. No hace falta una ruta larga; con seguir uno de estos caminos se entiende cómo se organiza el territorio.
Son recorridos sencillos en general, aunque con pendientes constantes. Si ha llovido, algunos tramos de tierra se vuelven resbaladizos. A medida que se gana algo de altura, se abre la vista sobre los campos de la Montaña Alavesa y los pueblos que salpican el valle.
Las carreteras secundarias que conectan Lagrán con otras localidades se usan bastante para bicicleta, aunque las subidas son continuas.
El paso de las estaciones
La primavera y el otoño son probablemente los momentos más cómodos para caminar por aquí. En primavera los campos están verdes y los robledales brotan; en otoño el paisaje gira hacia tonos ocres.
El invierno es más duro aquí que en otras zonas de Álava. Las temperaturas bajan con facilidad y se nota el viento que baja de la sierra. En verano, el sol en las horas centrales puede ser intenso, sobre todo en los caminos más despejados.
Para tener en cuenta
La Montaña Alavesa es una comarca amplia, con pueblos pequeños y bastante distanciados. Tener coche facilita moverse con libertad.
Lagrán se recorre en poco tiempo. Tiene más sentido como punto tranquilo desde el que salir a caminar o acercarse a otros pueblos de la comarca. La ganadería, sobre todo la ovina, sigue teniendo presencia en el paisaje y forma parte del día a día.