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sobre Navaridas
Viñedos, bodegas y pueblos de piedra entre colinas suaves.
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¿Sabes cuando paras el coche en medio del campo, apagas el motor y de repente te das cuenta de lo mucho que suena el silencio? Navaridas empieza un poco así. Sales del coche, miras alrededor y todo gira en torno a lo mismo: viñas, laderas suaves y un pueblo pequeño que vive al ritmo de la uva. No hay grandes reclamos ni monumentos que llenen portadas de guías. Pero si te interesa entender cómo se vive en la Rioja Alavesa más tranquila, este sitio tiene bastante que contar.
Con menos de doscientos vecinos, aquí todo parece moverse a otra velocidad. Caminas un par de calles y ya tienes la sensación de haber entendido el lugar: casas de piedra, alguna puerta de bodega, tractores aparcados donde buenamente caben y el campo empezando prácticamente en la última casa.
Una iglesia con más historia que postureo
En medio del casco urbano aparece la iglesia de la Asunción. No es una de esas iglesias recargadas que te obligan a sacar veinte fotos, pero tiene presencia. Su estructura barroca contrasta con lo sobrio que resulta el conjunto.
Si te acercas un poco más —esto ya es cosa de ir despacio— se ven detalles curiosos en la piedra: escudos, pequeñas marcas, inscripciones gastadas por el tiempo. Son de esas cosas que probablemente muchos vecinos pasan por delante cada día sin mirarlas demasiado, pero que cuentan que este lugar lleva siglos en pie.
Las calles de alrededor son cortas y algo irregulares, adaptadas a la ladera. No hay un recorrido claro que seguir. Lo mejor es caminar sin plan, como cuando llegas a un pueblo y simplemente te dejas llevar por la calle que más te apetece.
Bodegas subterráneas: lo que no se ve
Debajo del pueblo existen calados tradicionales excavados en la roca y en la tierra. En la Rioja Alavesa es bastante habitual: espacios subterráneos donde históricamente se elaboraba y guardaba el vino porque la temperatura se mantiene estable todo el año.
Muchos de estos calados tienen bastantes décadas, algunos probablemente más de un siglo. Suelen pertenecer a familias del pueblo y no siempre están abiertos —no esperes visitas guiadas con degustación— pero forman parte del paisaje invisible de Navaridas. Arriba ves calles tranquilas; debajo hay toda una red de bodegas antiguas.
Aquí el vino no se vive como espectáculo para turistas, sino como trabajo cotidiano. Es fácil ver remolques cargados de uva en época de vendimia o herramientas apoyadas en cualquier portal.
Perderse (literalmente) entre viñedos
En cuanto sales del núcleo urbano empiezan los caminos agrícolas. Nada preparado para ti: pistas de tierra, rodadas de tractor y viñedos que se estiran hasta donde alcanza la vista.
Caminar por aquí es sencillo. No hace falta seguir una ruta concreta; basta con elegir un camino y avanzar entre parcelas. El paisaje cambia bastante según la época del año: en otoño las hojas se vuelven rojizas y amarillas, mientras que en invierno el terreno queda más desnudo y se aprecia mejor la forma de las lomas.
Un detalle práctico: si ha llovido varios días seguidos, el barro puede complicar bastante el paseo. No es raro acabar con las botas bastante cargadas.
Cuánto tiempo dedicarle (y cómo)
Navaridas funciona mejor como parada corta dentro de una ruta por la Rioja Alavesa. Es ese tipo de sitio en el que paseas media hora, quizá algo más si te entretienes mirando los detalles o asomándote a los caminos rurales.
Si vienes desde pueblos cercanos como Laguardia o Elciego —mucho más visitados— el contraste se nota al instante. Aquí todo es más silencioso, más cotidiano.
Mi consejo sería algo muy simple: aparca sin complicaciones (las hay), date una vuelta sin prisa por las tres o cuatro calles principales, asómate a los caminos que salen hacia los viñedos para pillar perspectiva… y luego continúa ruta por la comarca con otra copa mental sobre cómo es esto sin tanta filigrana turística.
Fiestas: cuando el pueblo respira distinto
Las celebraciones giran alrededor del 15 agosto (la Asunción). Como pasa en muchos pueblos pequeños son fiestas muy locales: cuadrillas tomando algo en las pocas barras del pueblo, música tradicional en la plaza por las tardes… ambiente familiar donde todo el mundo se conoce.
Otro momento interesante llega justo después de terminar la vendimia —normalmente entre finales octubre-principios noviembre— cuando ya está recogida toda uva e inicia reposo vino nuevo dentro depósitos bodegas familiares subterráneas antes mencionadas anteriormente . Se nota otro ambiente relajado tras semanas intensivas trabajo campo .
Al final , Navaridas no es sitio al cual vienes buscando grandes cosas ver . Es más bien como parar casa amigo campo : das paseo , charlas rato , mirás viñas alrededor … entiendes bastante rápido va vida aquí .