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sobre Samaniego
Viñedos, bodegas y pueblos de piedra entre colinas suaves.
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El primer sonido al bajar del coche suele ser el viento rozando las viñas. A primera hora apenas hay movimiento. Las fachadas de piedra clara todavía guardan la sombra de la noche y el pueblo parece ir despertando despacio, con alguna ventana que se abre y el eco de unos pasos en la calle.
Samaniego gira alrededor de lo mismo que lo sostiene desde hace siglos: el viñedo. Todo alrededor son hileras de cepas y caminos agrícolas que se pierden hacia la Sierra de Toloño. La piedra de las casas tiene ese tono arena que cambia mucho con la luz. Por la mañana es gris suave; al atardecer se vuelve más cálida, casi dorada.
El casco urbano y la iglesia
El casco urbano se recorre en poco tiempo. Son pocas calles, algunas en ligera cuesta, con casas de piedra que conservan escudos tallados y balcones de hierro oscuro. Conviene caminar despacio y mirar arriba. En muchas fachadas aparecen fechas antiguas o inscripciones gastadas que pasan desapercibidas si uno va con prisa.
La iglesia de la Asunción domina el centro del pueblo con una torre cuadrada visible desde los viñedos cercanos. El edificio actual procede en gran parte de la Edad Moderna, aunque ha tenido reformas posteriores. Dentro, la luz entra filtrada por las ventanas y cae sobre la madera de los bancos y la piedra fría del suelo. El olor mezcla cera, humedad y polvo antiguo.
Caminos entre viñedos
A las afueras empiezan enseguida los caminos agrícolas. No hace falta alejarse mucho. En pocos minutos el pueblo queda detrás y aparece un paisaje abierto de viñas alineadas sobre tierra rojiza.
La Sierra de Toloño marca el horizonte. Cuando el sol baja, la sombra de la sierra avanza lentamente sobre las parcelas y el color de las hojas cambia casi por minutos.
Estos caminos también conectan con otros pueblos de Rioja Alavesa, como Leza o Labastida. Muchos vecinos los usan para trabajar en el campo, así que no es raro cruzarse con tractores. Después de lluvias el barro se pega bastante a las suelas.
Vino y bodegas
El vino forma parte de la vida diaria del pueblo. En el término municipal hay varias bodegas, algunas familiares y otras más grandes, muchas vinculadas a la denominación Rioja Alavesa.
Algunas organizan visitas y catas si se reservan con antelación. Durante la vendimia, que se concentra entre septiembre y octubre, el movimiento en los caminos aumenta y el olor a mosto aparece en distintos puntos del pueblo.
Las variedades más habituales en la zona son tempranillo, graciano o maturana tinta.
Cuándo acercarse al pueblo
A finales de verano el ambiente cambia bastante. Las fiestas del pueblo se celebran en torno a agosto y las calles tienen más actividad.
Si prefieres ver Samaniego tranquilo, las primeras horas de la mañana funcionan bien durante casi todo el año. En los meses centrales del verano el calor puede ser fuerte a mediodía, sobre todo si vas a caminar por los caminos entre viñas, donde apenas hay sombra.
En otoño el paisaje se vuelve más oscuro y rojizo. Es cuando el viñedo muestra más contraste de colores.
Consejos para moverse
El pueblo es pequeño y lo mejor es recorrerlo a pie. Algunas calles son estrechas y el tráfico local suele ser de vecinos o vehículos agrícolas.
Si vas a salir hacia los caminos de viñas, conviene dejar el coche en una zona donde no estorbe el paso de tractores. Muchos accesos a parcelas son más estrechos de lo que parecen desde la carretera.
Parar sin rumbo claro tiene su recompensa: una piedra tallada en una esquina, un escudo casi borrado por el tiempo o el silencio que queda en las calles cuando cae la tarde.