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sobre Iruña Oka (Iruña de Oca)
Verde intenso, caseríos y montañas cercanas con rutas y miradores.
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Las campanas de Trespuentes repican hacia las siete y media cuando todavía la niebla se queda baja sobre las encinas que rodean el pueblo. En ese momento del día, el turismo en Iruña Oka casi no existe: solo se oye el río Oca moviéndose despacio y algún coche que cruza el puente con cuidado, porque la calzada es estrecha y de piedra irregular. Desde el borde del puente —tres arcos y una ligera curva que obliga a frenar— el agua pasa tranquila entre carrizos y pequeños remolinos donde a veces se quedan las hojas secas.
La plaza tarda en despertarse. Alguna persiana sube, una puerta de garaje se abre, y el aire huele a pan reciente mezclado con humedad de río. Son pueblos donde la mañana empieza sin prisa.
El tiempo de las encinas y las huertas
En esta parte de la Llanada Alavesa el paisaje cambia poco a poco, sin grandes gestos. Parcelas de cereal, pequeñas huertas junto a las casas y manchas de encinar que aparecen en los bordes de los caminos. Cuando hay niebla —algo bastante habitual en otoño e invierno— los campanarios de los pueblos cercanos asoman como si flotaran.
Trespuentes se organiza alrededor de la iglesia de San Andrés, de piedra clara, con un interior donde la luz entra de lado a media tarde. A esa hora el dorado del retablo se enciende un poco más, mientras fuera el pueblo ya empieza a quedarse en silencio.
Desde aquí salen caminos sencillos que conectan con otros núcleos del municipio, como Pobes o Nanclares de Oca. Son trayectos cortos, entre campos abiertos, donde lo normal es cruzarse con algún agricultor en tractor o con gente paseando al perro. No hay desniveles grandes y se caminan bien incluso en invierno si el suelo no está demasiado embarrado.
En primavera todo se vuelve de un verde muy vivo. Es también la época en la que empiezan a verse en las mesas platos de alubia fresca —las pochas— cocinadas de forma sencilla, con algo de carne y caldo espeso. Si vienes en mayo o principios de junio conviene traer una chaqueta: el sol calienta a mediodía, pero en cuanto cae la tarde la temperatura baja rápido en el valle.
El puente y el camino del río
El puente de Trespuentes es uno de esos lugares donde el pueblo se cruza varias veces al día. No es una construcción perfectamente homogénea; se nota que ha tenido reparaciones y cambios con el tiempo. Los tres arcos no son iguales y el perfil queda ligeramente inclinado.
Desde ahí se puede seguir el curso del río Oca por un sendero bastante llano. El camino avanza entre zarzas, sauces y tramos de hierba alta, con el sonido constante del agua a un lado. Son paseos tranquilos, de los que se hacen sin mirar demasiado el reloj.
A última hora de la tarde la luz entra casi horizontal sobre los campos. En verano conviene llevar algo para los mosquitos si piensas quedarte cerca del río cuando empieza a caer el sol.
Nanclares de Oca, a pocos minutos en coche, concentra buena parte de la vida diaria del municipio. Allí suelen organizarse ferias o pequeños mercados ligados al producto local en distintas épocas del año, con puestos sencillos en la plaza y bastante ambiente de gente de la zona.
Hacia el valle de Añana
Si desde Trespuentes tomas la carretera que se dirige hacia Añana, el paisaje empieza a cambiar en pocos kilómetros. El aire se vuelve más seco y, antes de verlas, a veces llega un olor leve a sal.
Las salinas del valle de Añana aparecen de golpe: terrazas blancas de madera y piedra que bajan por la ladera formando una especie de mosaico geométrico. La extracción de sal aquí tiene siglos de historia y todavía se mantienen muchas de las plataformas tradicionales de evaporación.
Desde los caminos que rodean el valle se tienen buenas vistas de toda la estructura y de los montes que lo cierran. En verano el sol cae fuerte sobre las laderas claras, así que conviene llevar agua y gorra si vas a caminar por la zona. No hay demasiada sombra en los tramos abiertos.
Fiestas y fines de semana movidos
En verano, sobre todo a finales de agosto, Trespuentes cambia bastante. Muchos vecinos que viven fuera vuelven esos días y el pueblo se llena más de lo habitual. Hay música por la noche, comidas populares y actividades en la plaza que alargan el ambiente hasta tarde.
En invierno o a comienzos de primavera el ritmo es muy distinto. Las calles vuelven a quedarse casi vacías al anochecer y lo que más se oye es el viento moviendo las ramas de las encinas o el agua del Oca pasando entre las piedras.
Si buscas tranquilidad, esos meses funcionan mejor que agosto. A primera hora de la mañana el valle está casi siempre en silencio, con la niebla levantándose despacio sobre los campos. Es un momento breve, pero suficiente para entender cómo se mueve el tiempo aquí.