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sobre Donostia (San Sebastián)
Entre montes y mar, tradición vasca y buen comer en cada plaza.
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Aparcar, o morir en el intento
El turismo en Donostia empieza con el coche dando vueltas. En verano el centro suele estar lleno y perderás tiempo si insistes. Mucha gente acaba dejando el coche por Amara y bajando andando. No es mala opción. Desde ahí todo cae hacia la bahía.
La Parte Vieja es un embudo de calles muy estrechas. Entre semana se camina bien. El fin de semana es otra cosa. Si llegas con maleta o carrito, mejor alojarte al otro lado del río, por Gros. Cruzas el puente y en pocos minutos estás en el casco antiguo.
Playa y cuestas
La Concha es larga y abierta. Cuando hace buen tiempo se llena rápido. Más toallas que arena, sobre todo en julio y agosto. El agua suele estar fría incluso en pleno verano.
El paseo funciona bien para caminar sin coches cerca. A un lado queda el palacio de Miramar, donde la corte veraneaba hace más de un siglo. Al otro, el monte Igueldo. Arriba hay un funicular antiguo y buenas vistas de toda la bahía. El pequeño parque de atracciones que hay allí arriba se ha quedado bastante viejo.
El monte Urgull cierra la Parte Vieja por detrás. La subida es corta pero pica. Arriba está la fortaleza y la estatua del Sagrado Corazón mirando al mar.
Comer, beber y seguir
La Parte Vieja concentra una barbaridad de bares en pocas calles. Barras llenas de pintxos y gente entrando y saliendo todo el rato.
Aquí se come de pie y rápido. Entras, pides algo, pagas y sigues al siguiente. Si te sientas demasiado tiempo, rompes el ritmo. Las gildas, la tortilla de bacalao o las croquetas aparecen en casi todas las barras.
Platos más serios también hay, como el txangurro o las kokotxas en salsa verde. Pero suben la cuenta con facilidad.
Para beber, lo normal es txakoli o sidra de la zona de Astigarraga. La sidra se escancia desde cierta altura y se bebe de un trago corto. Dejar el vaso a medias no está bien visto.
Fiestas y algunas historias de la ciudad
En enero llega la Tamborrada. Durante un día entero los tambores suenan por toda la ciudad. Si duermes en el centro, lo vas a notar.
En agosto la Semana Grande llena la bahía de gente y de fuegos artificiales cada noche. La ciudad se aprieta bastante esos días.
La calle 31 de Agosto es una rareza. Fue la única que sobrevivió al gran incendio de la ciudad durante la guerra contra Napoleón. Por eso sus casas son distintas al resto del casco antiguo.
En el puerto está el Aquarium. Dentro conservan el esqueleto de una ballena que apareció en la costa hace muchos años. Y en la desembocadura del Urumea se levantan los cubos de cristal del Kursaal. Cuando se construyeron hubo bastante discusión. Hoy ya forman parte del paisaje.
Consejo de sobreviviente
Si puedes elegir fecha, ven en junio o en septiembre. Agosto es bonito, pero muy lleno.
Aparca lejos del centro y muévete andando. La ciudad se recorre fácil.
Y en los bares, haz lo que hace todo el mundo: pintxo, trago corto y al siguiente. Aquí funciona así.