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sobre Lezo
Entre montes y mar, tradición vasca y buen comer en cada plaza.
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A cinco kilómetros de San Sebastián, Lezo es una villa tranquila de Donostialdea, cómoda para una escapada corta y con menos trasiego que la capital. Entre colinas verdes y muy cerca de la bahía de Pasaia, se recorre bien a pie y deja una impresión clara: vida local, patrimonio discreto y buen acceso a costa y monte.
Qué ver en Lezo
El centro gira en torno a la iglesia de San Juan Bautista (siglo XVI), que preside la plaza. Si está abierta, entra un momento y fíjate en las formas renacentistas con ecos del gótico tardío.
En las calles cercanas aparecen caseríos tradicionales de los siglos XVII y XVIII, con fachadas encaladas y entramados de madera. Se disfrutan caminando sin prisa, mirando al detalle.
También se puede ver desde fuera el Palacio de Lezo, una construcción señorial del XVI vinculada a Blas de Lezo. No siempre es visitable, pero su fachada se aprecia bien en un paseo por el casco.
Si te apetece verde, la ribera del río Oiartzun permite un tramo agradable, y desde el entorno del municipio se enlaza con caminos hacia el Jaizkibel.
Qué hacer (sin complicarse)
Combina Lezo con Pasaia, que queda a un paso: barrios marineros y ambiente de puerto. Si prefieres caminar, reserva algo de tiempo para una senda del Jaizkibel, con vistas sobre la bahía.
Mejor época
- Primavera y principios de otoño suelen dar el paseo más agradecido: luz suave y temperaturas cómodas.
- Días de lluvia o viento fuerte: mejor centrarte en casco e iglesia y dejar Jaizkibel para otra ocasión, porque los caminos pueden estar resbaladizos.
Errores típicos
- Querer hacer Lezo + Pasaia + Jaizkibel en una mañana: mejor elegir uno de los dos planes (puerto o monte) y hacerlo con calma.
- Subir al Jaizkibel con calzado liso o poco sujeto: hay tramos irregulares aunque no sea alta montaña.