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sobre Otxandio (Ochandiano)
Verde intenso, caseríos y montañas cercanas con rutas y miradores.
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En el corazón de Durangaldea, a unos 550 metros de altitud, Otxandio es uno de esos pueblos del interior de Bizkaia donde el verde manda. Con algo más de 1.300 habitantes, el ritmo es tranquilo: prados, bosques de haya y roble, caseríos en las laderas y un casco urbano que se recorre sin prisa.
Su posición, en la divisoria de aguas entre el Cantábrico y el Mediterráneo, ayuda a entender por qué durante siglos fue paso natural entre comarcas. Hoy sigue funcionando como base cómoda para moverse por Duranguesado y asomarse a los límites con Álava y Gipuzkoa.
Qué ver en Otxandio
El paseo arranca en el centro. La iglesia parroquial de San Miguel Arcángel marca el perfil del pueblo con su torre, visible desde varios puntos del valle. En las calles cercanas aparecen casas-torre y palacios que hablan de una villa con peso en la zona.
Más allá del casco, la arquitectura tradicional se entiende mirando a los caseríos repartidos por el término municipal, muchos antiguos y todavía ligados a la vida rural.
En el horizonte, el Anboto (1.331 m) es referencia constante, aunque la montaña quede compartida con municipios vecinos. También asoman la sierra de Udalaitz y otros relieves que cierran el valle.
Qué hacer
Aquí manda el senderismo: rutas suaves por el valle o salidas con más desnivel hacia los montes cercanos, entre fuentes, cruces, bordas y caminos antiguos. Para bicicleta, hay carreteras secundarias y pistas rurales con cuestas serias.
La cocina local tira de producto: carnes de caserío, alubias, setas cuando toca y vinos blancos de comarcas cercanas. En el entorno también se respira cultura ganadera, sobre todo cuando coinciden ferias y mercados.
Mejor época
Otxandio luce especialmente en primavera y otoño, cuando el paisaje está más vivo y el monte se deja caminar mejor. En invierno conviene contar con días cortos, barro y niebla; y en jornadas de meteo cambiante, ajustar planes y no apurar rutas largas.