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sobre Karrantza Harana/Valle de Carranza
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En el extremo occidental de Bizkaia, donde el País Vasco roza Cantabria y Burgos, se abre Karrantza Harana: un valle amplio, verde y tranquilo, salpicado de barrios y caseríos. Aquí mandan la caliza, el agua y el bosque. La vida sigue muy ligada al campo y a la ganadería, y eso se lee en el paisaje: praderas, laderas arboladas y montes que cierran el horizonte.
Qué ver en Karrantza Harana/Valle de Carranza
Las Cuevas de Pozalagua son el gran reclamo geológico del valle. Dentro aparecen estalactitas excéntricas, retorcidas, que crean un ambiente casi irreal. La visita es guiada y se mantiene una temperatura fresca todo el año: conviene llevar una capa extra, incluso en verano.
El Parque Natural de Armañón pone el punto más montañero, con bosques y miradores hacia los territorios vecinos. Hay opciones de paseo y rutas más largas; el terreno kárstico, cuando está húmedo, pide atención.
En el barrio de Concha, la iglesia parroquial de San Lorenzo marca un centro claro. Y, si vas con calma, merece la pena fijarse en las ermitas y caseríos repartidos por los barrios: piedra, tejados a dos aguas y arquitectura muy de Encartaciones.
Qué hacer
Karrantza se recorre a pie, pero con cabeza: senderos entre hayedos, pistas ganaderas y crestas calizas. La ascensión a Peña Lusa es una ruta seria, con vistas abiertas cuando el día acompaña. Si prefieres algo más tranquilo, el entorno de Armañón funciona bien para caminar sin prisas y enlazar barrios.
En otoño, la cocina de temporada gana peso: setas, legumbres, carnes y quesos de producción local.
Si solo tienes 2 horas
- Pozalagua, si encuentras plaza en visita guiada.
- Un paseo corto por el entorno de Armañón buscando algún mirador accesible.
- Vuelta por Concha para ver San Lorenzo y orientarte con el valle.
Errores típicos
- Plantarte en Pozalagua sin comprobar antes la disponibilidad de visitas.
- Ir con calzado liso: aquí el barro y la caliza mojada pasan factura.
- Querer hacerlo todo sin coche: los barrios están muy dispersos y las distancias engañan.