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sobre Galdames
Valles y caseríos a un paso de Bilbao, con mucha vida local.
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Los primeros apellidos Galdames aparecen en libros parroquiales del siglo XVI, pero el valle ya llevaba tiempo habitándose. En la amplia cuenca del río Galdames —uno de los términos municipales más extensos de las Encartaciones— el hierro modeló el paisaje mucho antes de que se fijaran los límites administrativos. Aquí la montaña no es solo telón de fondo: es la veta que se excavó, el carbón que alimentó los hornos y las torres que protegían un territorio con recursos valiosos.
La Torre de Loizaga y el oficio de defender el hierro
Subir hasta la torre obliga a dejar el coche en un pequeño ensanche de la carretera y continuar a pie por un camino que se estrecha entre bosque. La fortificación —de origen medieval y restaurada en época reciente— se levanta sobre un promontorio desde el que se domina buena parte del valle. No es una construcción grandilocuente: muros gruesos, almenas rehechas y un patio interior donde la humedad se queda atrapada entre la piedra. Pero su posición explica su razón de ser. Desde aquí se vigilaban los caminos por los que bajaba el mineral hacia la ría del Nervión.
El interior guarda hoy algo que nadie asociaría de primeras con una torre defensiva. En los distintos edificios del conjunto se expone una amplia colección de automóviles Rolls‑Royce, reunida a lo largo de décadas. El contraste es curioso: un lugar ligado a la extracción de hierro convertido en refugio de una de las marcas que mejor simbolizan la industria del automóvil del siglo XX. Al recorrer las salas se entiende que la historia del valle no termina en las minas; continúa en todo lo que ese mineral permitió levantar después.
San Pedro de Galdames y la huella de la minería
Bajar de la torre lleva a San Pedro de Galdames, el núcleo que hace de centro administrativo del municipio. La calle principal es corta y desemboca en una pequeña plaza donde se levanta el monumento a Martínez de las Rivas. Fue minero y empresario, vinculado al desarrollo industrial de Bizkaia a finales del siglo XIX y comienzos del XX. La escultura, colocada en las primeras décadas del siglo pasado, lo representa con gesto sobrio y una muestra de mineral en la mano.
La iglesia parroquial —reconstruida en el siglo XIX tras un incendio— cierra uno de los lados de la plaza. Arquitectónicamente es un edificio sencillo, levantado con piedra de la zona y cubierto con tejado a dos aguas. Lo interesante es el contexto: a su alrededor fueron creciendo las viviendas de trabajadores ligados a las explotaciones mineras cercanas, entre ellas las de Mallaunar, situadas a poca distancia del núcleo.
Hornos de calcinación y senderos que recuerdan la actividad minera
La llamada Ruta del Hierro atraviesa Galdames siguiendo antiguos caminos de explotación minera. En varios puntos todavía se conservan hornos de calcinación: estructuras de piedra, con forma troncocónica, donde se calentaba el mineral para reducir impurezas antes de transportarlo. Hoy aparecen cubiertos de musgo y rodeados de vegetación, pero su tamaño permite imaginar la intensidad de la actividad que hubo aquí.
El sendero continúa por pistas forestales entre castaños y robles. En algunos tramos el terreno conserva terraplenes y taludes que pertenecieron a antiguas infraestructuras mineras, incluido un ferrocarril que bajaba las vagonetas hacia el valle del Nervión. El trazado se pierde poco a poco entre la vegetación. Cerca de Mallaunar quedan restos dispersos de la explotación: escombreras, muros de piedra y alguna boca de galería hoy cerrada.
Caminar por estos caminos ayuda a entender cómo funcionaba el valle cuando la minería marcaba el ritmo de la vida local.
Cómo llegar y cuándo ir
Galdames se encuentra en el interior de las Encartaciones, a menos de una hora en coche de Bilbao. El acceso habitual se hace por la A‑8 y después por carreteras comarcales que se internan en el valle. El núcleo de San Pedro cuenta con algunos espacios donde dejar el coche cerca del frontón y de la plaza.
El paisaje cambia bastante según la estación. En primavera el bosque aparece muy verde y los arroyos bajan con agua. El otoño también suele ser buen momento para recorrer las pistas forestales. En invierno la humedad y la niebla son frecuentes, y el suelo de los senderos puede estar resbaladizo.
Conviene llevar calzado cerrado si se camina por la zona de minas y hornos. Los recorridos no son largos, pero el terreno suele mantenerse húmedo durante buena parte del año. En el propio núcleo hay algún bar que abre según el día, aunque no siempre con horarios amplios, así que no está de más llevar agua si se va a caminar por el monte.