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sobre Lazkao (Lazcano)
Verde intenso, caseríos y montañas cercanas con rutas y miradores.
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Lazkao huele a queso. No de forma metafórica: los camiones de leche pasan cada mañana y el aroma del Idiazabal se cuela hasta el bar del frontón. El turismo en Lazkao no es gran cosa y tampoco lo pretende. Es un pueblo que trabaja. Vienes, miras un rato y sigues camino. O te quedas a comer.
Aparcar y moverse
Desde Donostia se llega rápido por la A‑1. La salida está clara. El problema viene después: las calles del centro son estrechas.
Aparca en cuanto veas zona señalizada cerca del pueblo. Suele haber sitio alrededor de la plaza de toros y en calles algo más anchas. Desde ahí bajas andando en pocos minutos.
Lo que hay
La plaza mayor es pequeña. Dos bares, un banco y gente que pasa.
El ayuntamiento es una casa consistorial sin alardes. En la fachada aparece grabado el año 1461.
El Palacio de Lazcano es el edificio grande del pueblo. Barroco, pesado, con muros de piedra que imponen más de lo que cuentan. Normalmente se ve por fuera.
El casco viejo se recorre rápido. Los soportales de la calle Mayor cumplen su función: refugio cuando llueve, sombra cuando aprieta el sol.
La iglesia de San Miguel es sencilla. Gótico rehecho, torre cuadrada. Si está abierta, entras, miras y en cinco minutos estás fuera.
Queso y carne
En los caseríos de alrededor se sigue haciendo queso Idiazabal. Algunas explotaciones rurales abren a visitantes ocasionalmente para enseñar cómo trabajan.
Para comer, lo típico aquí es simple: chuleta, ensalada y vino tinto.
Subir a Lazkaomendi
Si quieres estirar las piernas, sube a Lazkaomendi. Calcula alrededor de una hora andando con desnivel moderado.
Arriba hay una ermita y vistas del entorno: Aralar, Aizkorri y todo el valle del Goierri.
El camino suele empezar detrás del polideportivo. Lleva agua.
Fiestas propias
Hay celebraciones que el pueblo mantiene para sí mismo como Astotxo Eguna o las fiestas de San Miguel con bertsolaris en la plaza. Si coincide la fecha lo verás. Si no coincide no pasa nada. Pasea por las calles viejas prueba el queso come carne y sigue ruta hacia Aralar o por otros pueblos del Goierri. Aquí la visita dura lo que dura una vuelta tranquila