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sobre Olaberria
Verde intenso, caseríos y montañas cercanas con rutas y miradores.
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El turismo en Olaberria se parece un poco a cuando paras en un pueblo porque ves prados verdes desde la carretera y piensas: “voy a echar un vistazo rápido”. No esperas gran cosa… y precisamente por eso el sitio funciona. Olaberria, en pleno Goierri, no juega a impresionar. Es uno de esos lugares donde lo normal sigue siendo lo que manda: caseríos dispersos, praderas abiertas y caminos por los que todavía pasan tractores más que turistas.
Aquí no vas a encontrar un casco histórico lleno de edificios llamativos. El pequeño centro gira en torno a la iglesia de San Juan Bautista, bastante sobria, de esas que encajan sin hacer ruido en el paisaje. Alrededor hay casas y calles tranquilas, y poco más. Pero en Olaberria el asunto nunca ha estado en el núcleo urbano, sino en todo lo que lo rodea.
Caminar entre praderas y caseríos
Lo que realmente define el lugar son los caminos rurales que salen del pueblo en todas direcciones. Algunos están asfaltados y otros son pistas de tierra que se meten entre prados donde pastan ovejas o vacas. No es raro cruzarse con algún caserío antiguo todavía en uso, con la huerta al lado y el típico movimiento de una explotación que sigue funcionando.
Caminar por aquí tiene algo muy cotidiano, casi doméstico. No es una ruta de postal. Es más bien como colarte —con respeto— en el día a día de la zona: hierba recién cortada en verano, barro en invierno, perros ladrando desde algún caserío y ese silencio de campo que solo se rompe cuando pasa un coche.
En algunos tramos hay senderos utilizados por la gente del propio municipio para pasear o moverse entre barrios. No todos están pensados como rutas de excursionismo, así que conviene tomárselo con calma y aceptar que a veces tocará dar media vuelta o cambiar de camino.
Las vistas del valle del Goierri
Si subes un poco por las pistas que salen hacia los barrios altos —por ejemplo en dirección a Aranakua o por las laderas que rodean el pueblo— empiezan a abrirse las vistas del valle. Desde ahí se entiende bastante bien cómo se organiza esta parte del Goierri: pueblos relativamente cerca unos de otros, campos en medio y montes cerrando el horizonte.
En días despejados se distinguen bien localidades cercanas como Beasain, Lazkao o Segura. No son miradores preparados ni nada parecido. Más bien son esos puntos del camino donde te paras un momento, miras alrededor y sigues andando.
Comer en la zona: lo que sale del caserío
Si hay algo que define esta parte de Gipuzkoa es el producto. En el entorno de Olaberria es fácil encontrar queso Idiazabal elaborado con leche de oveja latxa, normalmente en pequeños productores de la comarca. También aparecen, según la época, hortalizas de huerta y otros productos que salen directamente del caserío.
Y luego está la sidra, que en el Goierri forma parte del paisaje cultural desde hace mucho. Durante ciertos meses del año es habitual ver movimiento alrededor de este mundo, aunque cada temporada funciona un poco a su manera.
Cómo encajar la visita
Olaberria no es un sitio para organizar un día entero de turismo. Y dicho así suena casi a crítica, pero en realidad es justo lo que lo hace agradable.
Mi forma de verlo: úsalo como una pausa tranquila mientras recorres el Goierri. Aparcas cerca del centro, das una vuelta corta por el pueblo, te acercas a la iglesia y luego sales a caminar por alguno de los caminos que suben hacia los barrios cercanos. En una o dos horas ya te haces una idea bastante clara del lugar.
Un consejo sencillo: respeta siempre los accesos a los caseríos y las fincas. Muchos caminos pasan muy cerca de propiedades privadas y aquí la vida sigue su ritmo normal. Y si ha llovido —algo bastante probable en esta zona— mejor llevar calzado que no sufra con el barro.
Olaberria no intenta llamar la atención. Es más bien ese tipo de sitio que entiendes cuando bajas el ritmo y aceptas que lo interesante no está en un monumento concreto, sino en el paisaje trabajado durante generaciones. En el Goierri hay pueblos más conocidos; este, en cambio, se deja descubrir poco a poco mientras caminas.