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sobre Ordizia (Villafranca de Ordizia)
Verde intenso, caseríos y montañas cercanas con rutas y miradores.
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El miércoles temprano, antes de que el sol caliente el valle del Oria, los camiones de queso ya rodean la plaza. Es el día del mercado. Se celebra desde comienzos del siglo XVI, cuando la Corona autorizó la feria semanal que todavía marca el ritmo del pueblo. Los ordiziarras no necesitan recordatorios: el movimiento empieza la víspera, con furgonetas descargando cajas y puestos que se montan bajo los soportales.
Un pueblo que se inventó a sí mismo
En 1256, Alfonso X concedió fuero a un pequeño asentamiento situado en un cruce de caminos junto al río Oria. Villafranca de Oria —el nombre original— fue una fundación planificada. Calles rectas, parcelas regulares, una plaza central pensada para el intercambio. Ese esquema todavía se reconoce cuando se camina por el casco histórico.
El nombre cambió con el tiempo, pero la función apenas lo ha hecho. Ordizia creció como lugar de mercado entre los caseríos del Goierri y las rutas que conectaban el interior con la costa.
La plaza Mayor explica bien esa lógica. No es monumental. Es práctica. Las arcadas protegen de la lluvia frecuente en la comarca y los portales amplios permitían guardar mercancías. En las fachadas aparecen escudos de familias que hicieron fortuna comerciando aquí. El poder económico fue, durante siglos, bastante cercano: comerciantes, propietarios de caseríos, intermediarios del valle.
El queso que lleva el nombre de un pueblo vecino
El queso Idiazabal toma su nombre de la localidad cercana, pero uno de los mercados más conocidos para venderlo está en Ordizia. Los miércoles llegan productores de distintos puntos de la comarca con piezas elaboradas a partir de leche de oveja latxa. Muchos quesos se curan todavía en caseríos familiares.
El olor delata el producto incluso antes de verlo: leche, corteza ahumada con madera de haya en algunos casos. La venta suele hacerse por piezas enteras. Los compradores veteranos todavía prueban el sonido del queso golpeándolo suavemente con los nudillos.
En primavera, alrededor de la Pascua, el mercado adquiere un tono más festivo con el llamado Artzain Eguna, el día del pastor. Acuden rebaños, se presentan quesos de la temporada y se escuchan bertsolaris improvisando versos. Más que un espectáculo, funciona como punto de encuentro para gente del oficio.
El palacio donde se alojaron reyes y el marino que cruzó el Pacífico
En una esquina de la plaza se levanta el Palacio Zabala. Es un edificio estrecho y alto, con un balcón doble que sobresale ligeramente sobre la fachada. En distintas visitas reales a Gipuzkoa, algunos monarcas se alojaron aquí. La tradición local lo recuerda, aunque los documentos no siempre coinciden en los detalles.
El interior conserva una escalera de caracol que algunos atribuyen a un círculo cercano a Juan de Herrera. Es una hipótesis repetida a menudo, pero no está del todo demostrada.
A poca distancia se encuentra la casa natal de Andrés de Urdaneta. Nació aquí en 1508. Fue marino y fraile agustino, y su nombre aparece ligado al tornaviaje que permitió regresar desde Filipinas a América cruzando el Pacífico por el norte. La casa lleva una placa discreta. Cerca del río, un pequeño parque recuerda su figura.
La iglesia que se quedó pequeña
La iglesia de Santa María de la Asunción ocupa el mismo lugar desde la Edad Media, aunque el edificio actual se levantó principalmente en el siglo XVI. La estructura es sobria: una nave amplia dividida en pocos tramos, sin grandes complicaciones.
Lo más curioso está en el exterior. Durante siglos el cementerio rodeaba el templo. Cuando el espacio empezó a escasear, a finales del siglo XVIII, se levantó un pórtico en el lado sur para seguir enterrando bajo cubierta. Algunas losas aún conservan escudos familiares ya difíciles de identificar.
Desde el atrio la vista se abre hacia la sierra de Aralar. Es una presencia constante en el paisaje del Goierri.
Cómo situarse al llegar
Ordizia está en el corazón del Goierri, en el eje que sigue el valle del Oria. Desde San Sebastián se llega en aproximadamente media hora por la autovía que atraviesa la comarca. También hay conexión ferroviaria con las localidades cercanas del valle.
El casco histórico es pequeño y se recorre a pie sin dificultad. El miércoles por la mañana es cuando el pueblo muestra su actividad habitual, con el mercado ocupando la plaza. Otros días el ambiente es más tranquilo. En los alrededores, las carreteras que suben hacia los pueblos de montaña atraviesan zonas de caseríos y pastos donde se produce buena parte del queso de la comarca. Algunos productores venden directamente desde la explotación, aunque conviene informarse antes porque no todos reciben visitas.