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sobre Zaldibia (Zaldivia)
Verde intenso, caseríos y montañas cercanas con rutas y miradores.
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En el corazón del Goierri, entre prados muy verdes y bosques de haya y roble, Zaldibia es uno de esos pueblos del interior guipuzcoano donde apetece bajar una marcha. Es pequeño y de valle: caseríos dispersos, vida tranquila y campanas marcando el ritmo.
El paseo se entiende rápido. El núcleo gira alrededor de la iglesia parroquial de San Miguel, de origen medieval y reformada con el tiempo. Por fuera es sobria; por dentro, la madera y los coros recuerdan la estructura de muchas iglesias vascas. A pocos pasos, la Plaza del Ayuntamiento concentra el movimiento del día a día. En el camino conviene levantar la vista: algunos caseríos conservan escudos en la fachada, pistas de un pasado más acomodado de lo que parece.
En cuanto sales del casco, manda el entorno. Hay pistas y caminos rurales que suben hacia los montes cercanos, con desniveles llevaderos si eliges bien la ruta. En otoño, el hayedo se pone serio; y con niebla, el valle gana ese punto de misterio tan propio del interior vasco.
La gastronomía aquí se entiende en clave Goierri: queso de oveja latxa, carne a la brasa, alubias rojas de Tolosa y cuajada. Si viajas con niños, en los alrededores aún se ven rebaños y actividad agropecuaria en caseríos (según el día, desde fuera, sin organizar nada).
Si solo tienes 2 horas
- Vuelta tranquila por el centro: iglesia de San Miguel y Plaza del Ayuntamiento.
- Paseo corto por un camino rural a la salida del pueblo para ver caseríos y abrir vistas al valle (calzado cómodo, sobre todo si ha llovido).
Errores típicos
- Ir “de paseo” con calzado fino: aquí el barro aparece rápido en cuanto sales del asfalto.
- Meter el coche por pistas rurales sin saber si hay paso o si son de uso agrícola: mejor dejarlo en el núcleo y caminar un poco.