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sobre Alonsotegi (Alonsótegui)
Valles y caseríos a un paso de Bilbao, con mucha vida local.
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Me contaron que Alonsotegi era “el pueblo donde nació Goikoetxea” con el mismo entusiasmo con el que alguien te dice que Messi es de Rosario. Vale, bien, ¿pero qué tiene que ver eso con pasar aquí un domingo? Luego caes en quién era Goikoetxea —el defensa al que apodaban el Butcher of Bilbao, el que dejó a Maradona hecho polvo— y de repente el nombre del pueblo ya no suena tan random. Eso pasa un poco con el turismo en Alonsotegi: parece un sitio que te encuentras por accidente en el mapa del Gran Bilbao, pero cuando te paras un rato ves que tiene más historia y más monte de lo que imaginabas.
El pueblo que decidió ir por libre
Hay un detalle curioso: Alonsotegi no siempre fue municipio independiente. Durante más de un siglo estuvo integrado en Barakaldo y a principios de los años 90 recuperó su propio ayuntamiento. Algo así como cuando un barrio decide que quiere llevar sus propias cuentas y deja de depender del de al lado.
El resultado es un municipio pequeño, con unos 3.000 vecinos, metido en un valle que enseguida se convierte en monte. El casco está a unos 50 metros de altitud y, si levantas la vista, tienes el Ganekogorta rozando los mil. Es de esos sitios donde en diez minutos pasas de calle tranquila a sendero de montaña.
En el centro está la iglesia de San Bartolomé, construida a principios del siglo XX. Tiene ese aire sólido de las iglesias que se levantaron cuando los pueblos industriales de Bizkaia estaban creciendo: piedra, volumen contundente y cero florituras. No es un edificio que te deje con la boca abierta, pero encaja bastante bien con el entorno.
Subir al Ganekogorta
Si te gusta caminar, Alonsotegi es una buena puerta de entrada al Ganekogorta. Desde el pueblo salen rutas señalizadas que van subiendo poco a poco hasta la cima, cerca de los 1.000 metros. Sobre el papel no parece gran cosa, pero el desnivel se nota.
Es la típica subida en la que empiezas charlando tan tranquilo y a la media hora ya vas regulando el paso. Calcula varias horas entre subir, parar a mirar el paisaje y volver. Arriba, en días despejados, se ve todo el valle del Nervión y Bilbao al fondo, con el contraste curioso entre ciudad y montaña.
Un paseo por las antiguas minas
Para algo más corto, por la zona también hay recorridos que pasan por restos mineros. Esta parte de Bizkaia vivió durante décadas de la extracción de hierro, y todavía quedan galerías, taludes y caminos que usaban los mineros.
No es un parque temático ni nada parecido: más bien senderos tranquilos donde de vez en cuando te topas con una entrada de mina o con cortes en la ladera que recuerdan lo que hubo aquí. Si vas con calma, se entiende bastante bien cómo era el paisaje industrial de la zona.
La ermita de San Antolín
En las afueras está la ermita de San Antolín. Por fuera es bastante sencilla, casi humilde. Lo curioso está dentro: conserva un retablo renacentista del siglo XVI que suele citarse como uno de los más antiguos que se mantienen en la provincia.
Es de esos contrastes que te encuentras a veces en pueblos pequeños: edificio discreto, pero con una pieza histórica importante guardada dentro desde hace siglos.
Conexión con Bilbao
Alonsotegi está pegado al área metropolitana de Bilbao, así que mucha gente lo usa casi como escapada rápida de monte. El transporte público lo conecta con la ciudad y el trayecto no es largo.
Desde hace tiempo se habla de ampliar la red de metro hacia esta zona, aunque las obras y los plazos han ido cambiando con los años. De momento, lo habitual sigue siendo llegar en bus o en coche.
Mi consejo de amigo
Yo vendría con una idea clara: monte y paseo tranquilo. No es un sitio para pasar todo el día saltando de monumento en monumento. Es más bien ese tipo de lugar al que te acercas por la mañana, das una vuelta por el casco, te estiras las piernas por los senderos y te quedas un rato mirando las montañas que rodean el valle.
Si el día está despejado y te animas con el Ganekogorta, trae agua y algo de comida. Arriba no hay nada más que viento, hierba y vistas. Y, curiosamente, eso ya compensa el viaje.