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sobre Basauri
Valles y caseríos a un paso de Bilbao, con mucha vida local.
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El pueblo que eligió el río
La primera vez que oí hablar de Basauri fue en un bar de Bilbao. El camarero, mientras servía un zurito, me dijo: “Allí es donde se juntan los ríos”. Como si eso no tuviera mayor importancia. Pero luego vas y entiendes la frase. Basauri es justo el punto donde el Nervión y el Ibaizabal se encuentran antes de seguir camino hacia la ría. Como cuando dos carreteras secundarias se juntan y, de repente, todo empieza a ir más rápido.
Con algo más de 40.000 habitantes, Basauri es ese tipo de municipio que en Bilbao todo el mundo ubica al momento, pero que rara vez aparece en las rutas de quien viene de fuera. Y quizá por eso sigue teniendo una sensación bastante real de barrio grande. Aquí la vida no está pensada para quien viene un día, sino para quien vive todos los días.
Más allá de la postal
Voy a ser claro desde el principio. Si vienes buscando casas medievales o callejones de piedra para hacer fotos, aquí no va de eso.
Basauri creció con la industria y con la gente que trabajaba en ella. Tiene ese aire de pueblo obrero pegado al Gran Bilbao donde lo importante siempre fue trabajar, criar a los hijos y quedar con los amigos el fin de semana. No hay decorado.
Eso sí, entre bloques y calles con tráfico aparecen algunas piezas antiguas que recuerdan que el lugar existía mucho antes de las fábricas. La iglesia de San Pedro lleva aquí siglos y sigue siendo una referencia para el casco antiguo. Las casas torre de Ariz y Etxebarria sobreviven como esos parientes mayores de la familia que han visto pasar todas las épocas. Un poco apartadas, un poco orgullosas, pero todavía en pie.
Cuando el pueblo se viste de fiesta
Si quieres ver Basauri con otra cara, toca venir en fiestas.
En octubre llegan las de San Fausto y el ambiente cambia bastante. El pueblo se suelta. Cuadrillas por la calle, música, gente que se encuentra con conocidos cada diez metros. Es esa escena tan vasca de cuadrillas cantando con un vaso en la mano mientras alguien intenta seguir la letra.
Unas semanas antes suele celebrarse la Euskal Jaia, que tiene otro ritmo. Más tradición, más actividades ligadas a la cultura vasca, más gente pasando horas en la calle. El ambiente recuerda a esos días en los que todo el mundo parece tener tiempo de sobra y nadie mira el reloj.
El arte de comer sin complicarse
Comer en Basauri va bastante en la línea del lugar. Cocina directa, raciones generosas y cero ganas de impresionar a nadie.
El bacalao aparece mucho en las cartas, igual que la carne a la brasa cuando toca. Nada de platos que necesiten explicación. Lo que llega a la mesa es reconocible y suele estar bien hecho.
En la barra manda el pintxo de txalupa. Setas y gambas sobre pan. Suena simple, lo es, pero funciona. Cada bar tiene su versión y la gente del pueblo tiene bastante claro cuál le gusta más. Es de esas discusiones pequeñas que animan cualquier ronda.
Caminar sin prisa por donde caminaban otros
A poca distancia del centro hay un contraste curioso. Sales de calles con tráfico y en unos minutos estás caminando entre vegetación y agua.
La zona de los humedales tiene varios senderos tranquilos. No es una excursión épica ni lo pretende. Es más bien ese paseo que haces para despejar la cabeza. A veces ves garzas, otras simplemente escuchas el agua y ya está.
También hay tramos de camino junto al Ibaizabal que conectan con pueblos cercanos. Son recorridos fáciles, de los que se hacen hablando sin darse cuenta de los kilómetros.
El momento de la verdad
Basauri no intenta parecer otra cosa. Y eso, para mí, ya es bastante.
Aquí nació el cómico Aitor Basauri antes de acabar trabajando por medio mundo con el teatro gestual. El propio nombre del municipio suele traducirse como “población del bosque”, aunque hoy el cemento tenga más protagonismo. Y sí, también está la prisión de Bizkaia en el término municipal, algo que los vecinos mencionan con naturalidad, como quien habla de una carretera o de un polígono.
¿Tiene sentido venir hasta Basauri? Depende de lo que busques.
Si esperas un pueblo de postal vasca, mejor seguir hacia otros sitios. Pero si te apetece ver cómo funciona un municipio real del área de Bilbao, con su mezcla de historia, industria y vida cotidiana, entonces tiene su interés. Paseas un rato, comes bien, y te llevas una pequeña idea de cómo late esta parte del Gran Bilbao. No es un decorado. Es un lugar donde la gente vive. Y eso también cuenta.