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sobre Santurtzi (Santurce)
Cantábrico, acantilados y sabor marinero en el corazón vasco.
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El primer documento que menciona Santurtzi aparece en el siglo XI. Nueve siglos después, el municipio sigue donde empezó: junto al agua, en el borde de la ría del Nervión. La relación con el mar explica casi todo aquí. El antiguo puerto pesquero marcó la forma del pueblo y todavía hoy organiza su ritmo diario, aunque ahora conviva con un puerto deportivo y con embarcaciones vinculadas a la formación marítima de la Universidad del País Vasco.
La forma del puerto
Santurtzi creció en un recodo del Abra donde la ría empieza a abrirse hacia el Cantábrico. Esa pequeña ventaja geográfica permitió establecer un puerto relativamente protegido y acabó definiendo el carácter del lugar. En el muelle, la estatua de la Virgen del Carmen mira directamente al agua. No está dentro de una iglesia, sino orientada hacia la ría, como recordatorio del oficio que sostuvo al pueblo durante generaciones.
Cada verano se mantiene la costumbre de sacarla en procesión por el agua. La imagen se embarca y recorre la ría acompañada por lanchas mientras suenan salves desde el muelle. Es una escena muy ligada a la memoria marinera del lugar.
El puerto pesquero sigue activo, sobre todo a primera hora del día, cuando se mueve el pescado que llega a la lonja inaugurada a comienzos del siglo XX. Al lado, el puerto deportivo ocupa parte del espacio donde antes se concentraba la actividad pesquera tradicional. En uno de los muelles suele verse amarrado el “Saltillo”, un tres palos que hoy funciona como buque escuela.
Subir al Serantes
El monte Serantes, con algo menos de trescientos metros, domina todo el paisaje de la ría baja. Desde arriba se entiende bien la posición de Santurtzi entre el Abra y el interior de la ría. Por ese valor estratégico se levantó aquí una fortificación en el siglo XIX, de la que todavía quedan restos.
La subida desde el casco urbano suele llevar algo más de una hora. El camino pasa por la ermita de Cornites, vinculada a antiguas bendiciones de campos antes de la siembra. El lugar sigue siendo importante en la tradición local: el Lunes de Pascua muchas cuadrillas suben al monte para comer el bollo de Cornites, una masa redonda con huevo cocido y chorizo que las panaderías del pueblo preparan esos días.
No es una romería organizada para quien viene de fuera; más bien una costumbre del propio pueblo. Desde la cima la vista recorre toda la desembocadura de la ría, los muelles industriales y, hacia el oeste, la línea abierta del Cantábrico.
El paseo y la memoria
El paseo marítimo que bordea la ría permite caminar desde Santurtzi hacia Portugalete y Getxo siguiendo siempre el agua. Es un recorrido que ayuda a entender cómo convivieron durante décadas el mundo del puerto y el de la burguesía bilbaína que veraneaba en la margen derecha.
En Santurtzi, uno de los recuerdos más visibles de la vida portuaria es el monumento a las sardineras. Estas mujeres llevaban el pescado desde el muelle hasta Bilbao caminando o en tranvía, con la cesta en la cabeza. La escultura representa a “La Bella Charo”, una figura popular en el imaginario local, pero en realidad funciona como homenaje colectivo.
Muy cerca aparece la fuente de Mamariga, trasladada en el siglo XIX desde su ubicación original. Está entre el ayuntamiento de estilo ecléctico y la Casa Torre, uno de los edificios históricos del municipio.
Comer y entender
La cocina local está muy ligada al pescado que entra por la lonja. Platos como el bacalao al pil‑pil, la merluza en salsa verde o las kokotxas forman parte de la tradición doméstica y de las sociedades gastronómicas, muy presentes en el País Vasco.
Cuando llega la temporada de la sardina, el muelle suele llenarse de parrillas. La técnica es sencilla pero exige paciencia: el fuego se mantiene a cierta distancia para que la grasa caiga sin quemarse. La sardina se abre con la mano y se come casi recién salida de las brasas, con pan y algo de vino. Pocas elaboraciones explican mejor la relación entre el puerto y la mesa.
Cómo moverse
El centro de Santurtzi se recorre sin dificultad a pie. La estación de metro queda cerca del puerto y desde allí se puede empezar tanto el paseo por la ría como la subida al Serantes.
Quien llegue en coche suele encontrar más facilidad para aparcar en las zonas próximas al puerto deportivo, donde el urbanismo es más reciente. El metro conecta directamente con Bilbao y con el resto de municipios de la ría, así que moverse por la zona resulta bastante sencillo sin necesidad de utilizar el coche.