Artículo completo
sobre Zaratamo
Valles y caseríos a un paso de Bilbao, con mucha vida local.
Ocultar artículo Leer artículo completo
A media mañana, cuando el sol ya ha pasado por encima de las lomas que rodean el valle, Zaratamo suena a pasos sobre acera, a alguna puerta metálica que se abre en una nave cercana y al murmullo constante del Nervión no muy lejos. Entre calles tranquilas y caseríos dispersos, el pueblo se mueve a otro ritmo que el del Bilbao que queda a pocos kilómetros.
Aquí no hay un casco histórico grande ni una sucesión de monumentos. Lo que hay es un núcleo pequeño, barrios repartidos en las laderas y esa mezcla tan común en el Gran Bilbao: industria a un lado del valle y, en cuanto levantas un poco la vista, prados y monte.
La iglesia de San Pedro y el pequeño centro del pueblo
El punto más reconocible del núcleo es la iglesia de San Pedro, alrededor de la cual se abre una plaza sencilla donde a ciertas horas se juntan vecinos a charlar. La piedra clara de la fachada cambia bastante según el día: gris mate cuando el cielo está cerrado, más cálida cuando entra algo de sol por el valle.
Las calles cercanas —Elexalde, Zubiaurre y otras que suben ligeramente hacia los barrios— tienen casas bajas, algunas con balcones de hierro y macetas que en primavera empiezan a llenar de color las fachadas. No es un lugar de grandes paseos urbanos; en diez o quince minutos se recorre el centro sin prisa.
Caminos que suben hacia el monte
Lo interesante aparece cuando se empieza a subir por las pistas y carreteras secundarias que salen del núcleo. Enseguida cambian los sonidos: menos coches, más viento moviendo la hierba y, según la época, algún cencerro lejano.
Los caminos atraviesan prados cercados y zonas de bosque bajo. Aquí siguen funcionando algunos caseríos y pequeñas explotaciones ganaderas, así que es normal ver vacas pastando cerca de la pista o montones de hierba recién segada en verano.
La señalización no siempre es abundante. Si te gusta caminar, conviene mirar el recorrido antes o llevar el móvil con mapa, porque muchos cruces conectan con barrios dispersos o con pistas forestales.
Pedalear por carreteras tranquilas
Las carreteras locales que rodean Zaratamo se usan bastante para salir en bici desde Bilbao o desde los pueblos cercanos. No son puertos largos, pero sí tienen repechos cortos que obligan a levantarse del sillín durante unos minutos.
A cambio, hay tramos donde apenas pasa tráfico y donde lo único que se oye es el zumbido de las ruedas sobre el asfalto y los pájaros en los bordes del bosque.
Fiestas y vida local
Las celebraciones ligadas a San Pedro suelen concentrar buena parte de la vida festiva del pueblo a finales de junio. Durante esos días la plaza cambia de aspecto: música, cuadrillas reunidas y actividades que organizan las asociaciones locales.
El resto del año la actividad es mucho más tranquila. Zaratamo funciona sobre todo como lugar donde vive la gente que trabaja en el entorno del Gran Bilbao.
Cuánto tiempo dedicarle
Zaratamo no requiere un día entero de visita. Con una hora o dos basta para recorrer el centro y asomarse a alguno de los caminos que suben hacia el monte.
Si vienes en coche, lo más práctico es aparcar cerca del núcleo y moverte andando un rato. Y si el día ha sido lluvioso —algo bastante habitual en Bizkaia— mejor traer calzado con suela firme: varias pistas se vuelven resbaladizas cuando el barro aparece.
Más que buscar grandes atracciones, aquí lo interesante es fijarse en lo que ocurre alrededor: el cambio de luz en las laderas al caer la tarde, el olor húmedo de la hierba después de llover o el silencio que llega cuando te alejas un poco de la carretera del valle. Un pequeño paréntesis a pocos minutos de Bilbao.