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sobre Guardia (Laguardia)
Viñedos, bodegas y pueblos de piedra entre colinas suaves.
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Hay pueblos que se entienden en cinco minutos y otros que necesitan un rato de paseo. El turismo en Guardia —que casi todos llamamos Laguardia— suele empezar igual: cruzando una de sus puertas y caminando despacio hasta que el trazado del casco antiguo se ordena solo en la cabeza. No tiene misterio. Un par de calles principales, callejones cortos que se cruzan, y la sensación constante de que todo gira alrededor del vino.
Guardia no funciona como un decorado. Se oye a los vecinos hablando en las puertas, coches que pasan con cuidado y alguna persiana que sube a media mañana. Ese tipo de sitio donde notas enseguida que aquí se vive todo el año.
Entrar caminando por la calle Mayor
Si llegas por una de las puertas de la muralla acabarás tarde o temprano en la calle Mayor. Es la columna vertebral del pueblo. Casas de piedra, balcones de hierro y portales bastante serios, de esos que parecen hechos para durar siglos.
Caminar por aquí es fácil. No necesitas mapa ni aplicación. Sigues recto, te desvías por una calle corta, vuelves a salir a la principal. En diez minutos ya entiendes cómo está organizado todo.
Hay algo curioso en Guardia: bajo muchas casas hay bodegas excavadas en la roca. No siempre se ven, claro, pero forman parte del subsuelo del pueblo. A veces se nota por pequeñas rejillas en la calle o por ese olor a humedad y barrica que aparece de repente al pasar por ciertos portales.
La plaza y la iglesia de Santa María de los Reyes
La plaza principal aparece casi sin aviso. No es enorme ni monumental, pero suele tener movimiento. Gente que cruza, niños jugando, conversaciones que rebotan entre las fachadas.
Desde allí se llega enseguida a la iglesia de Santa María de los Reyes, uno de los edificios más reconocibles de Guardia. La portada es lo que más llama la atención —la policromía tiene su aquel—. Si está abierta (que no siempre lo está), merece pararse un momento dentro; tiene ese silencio frío y pesado típico de las iglesias antiguas.
Lo que rodea al pueblo: viñedos de Rioja Alavesa
Sales por cualquiera de las puertas y el paisaje cambia rápido. En pocos metros aparecen las primeras hileras de viña.
Guardia está en plena Rioja Alavesa y eso lo es todo aquí. Las parcelas siguen las curvas suaves del terreno y, dependiendo del mes, el color cambia bastante: verde intenso en primavera, tonos rojizos cuando llega el otoño.
Si te gusta caminar, basta con alejarse un poco por los caminos agrícolas que salen del pueblo hacia Elvillar o hacia el embalse. No hace falta hacer rutas épicas; con media hora ya te metes en el paisaje.
Las vistas desde la muralla
Una cosa buena es asomarse a algún tramo accesible de muralla —no toda lo es— para tener perspectiva.
Desde varios puntos se ve ese mosaico ordenado e hipnótico de viñedos rodeando el pueblo como un mar verde o dorado. Días despejados permiten ver hasta las sierras lejanas.
Es uno esos sitios donde te apoyas unos minutos sin hacer nada especial; simplemente mirar ya vale como actividad.
Cuánto tiempo dedicarle (y cómo no estropearlo)
Guardia se recorre rápido. En un par de horas puedes caminar por el casco histórico completo, asomarte a las murallas y bajar un poco hacia los viñedos cercanos.
Mucha gente intenta meter demasiadas cosas en el mismo día: varias bodegas con cita previa, el pueblo corriendo, miradores… Y al final todo se hace deprisa y mal. Aquí funciona mejor bajar el ritmo; si puedes visitar una sola bodega bien, mejor que tres mal.
Otro fallo típico es empeñarse en aparcar dentro del casco antiguo un sábado al mediodía. Las calles son estrechas y los espacios limitados; vas a dar vueltas como un tonto hasta rendirte. Lo más práctico suele ser dejar el coche fuera (hay zonas habilitadas) y entrar caminando dos minutos.
Si vas en época de vendimia —normalmente hacia septiembre— hay más movimiento y ambiente festivo flotando entre calles y bodegas. En pleno invierno o verano potente puede estar muy tranquilo; sabes cuándo estás fuera temporada porque ves más gatos locales que turistas.
Llegar y moverse por Rioja Alavesa
Para moverse por esta zona lo más cómodo sigue siendo el coche propio; da flexibilidad total para ir a otros pueblos cercanos como Elciego o Labastida cuando quieras. Eso sí: una vez aparcado fuera del núcleo amurallado (insisto), Guardia se hace andando sin problema alguno porque todo queda cerca. Al final visitarlo se parece mucho a quedar con alguien local: paseas sin rumbo fijo charlando sobre vinos mientras miras tejados viejos sobre campos infinitos plantados con tempranillo… Y cuando te das cuenta ya han pasado dos horas tranquilamente gastadas así nomás