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sobre Laudio (Llodio)
Piedra, historia y paisaje atlántico en el interior vasco.
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La primera vez que llegué a Laudio me bajé del tren pensando que me había equivocado de parada. Conozco pueblos con más perros que habitantes que tienen más ambiente, y aquello parecía más bien un lugar que había crecido alrededor de fábricas y carreteras. Pero con Laudio pasa algo curioso: el turismo en Laudio funciona un poco como ese compañero de trabajo callado que, cuando le das cinco minutos, resulta que conoce todos los trucos del barrio.
No entra por los ojos a la primera. Pero cuando te quedas un rato empiezas a pillarle el punto.
El pueblo que no pretendía ser bonito
Laudio —o Llodio, como verás escrito en euskera— es el segundo municipio más poblado de Álava. Tiene algo más de 18.000 habitantes y la sensación de que todo el mundo se conoce de vista, aunque sea de coincidir en la compra o en el paseo de la tarde.
Está en el Valle de Ayala, bastante cerca de Bilbao. Mucha gente vive aquí y trabaja allí, así que durante años se le ha quedado esa etiqueta de pueblo dormitorio. Pero si te mueves un poco por el centro y por las zonas junto al río, ves que tiene vida propia.
El Nervión pasa por aquí antes de llegar a Bilbao, todavía más tranquilo. Hay un paseo largo que lo acompaña durante varios tramos del municipio, muy usado para caminar, correr o sacar la bici. No es el típico paseo de postal: el río ha convivido con industria durante décadas y eso se nota. Aun así, es de esos sitios donde los domingos ves familias, gente paseando al perro y cuadrillas charlando en los bancos.
Un nombre con historia
El nombre de Laudio suele generar la típica conversación de bar: de dónde sale exactamente y cuál es la forma “correcta”. Laudio es la forma en euskera y Llodio la castellana; ambas conviven desde hace tiempo.
Sobre el origen del nombre hay varias teorías, algunas lo relacionan con un antiguo nombre latino. La documentación medieval menciona variantes del topónimo bastante pronto, lo que indica que el lugar ya tenía cierta entidad hace muchos siglos.
De aquella época quedan algunos restos dispersos por el municipio. La casa-torre de Ugarte es uno de los ejemplos que han llegado hasta hoy. Este tipo de torres defensivas eran bastante habituales en el País Vasco durante la Edad Media, cuando las familias poderosas marcaban territorio con piedra y altura.
También está el Santuario de Santa María del Yermo, situado en una zona elevada del municipio. Mucha gente sube caminando, sobre todo los fines de semana, porque el entorno es tranquilo y el paseo sirve de excusa para moverse un poco.
La Feria de San Blas y el arte de comerse un pie de cerdo
Si hay un momento del año en el que el pueblo se anima especialmente es la Feria de San Blas. Suele celebrarse a comienzos de febrero y convierte el centro en un ir y venir de puestos, humo de parrillas y gente curioseando.
Uno de los clásicos del día es el concurso de patas de cerdo. Suena contundente —y lo es—, pero forma parte de esa tradición muy vasca de convertir platos de casquería o de matanza en algo que se defiende con orgullo.
Más allá de la feria, la cocina de la zona sigue bastante ligada a productos de matanza: chorizo, morcilla, tocino… y también queso, miel y otros productos que llegan de los caseríos de la comarca.
El txakolí también aparece a menudo en la mesa. Es ese vino blanco con acidez marcada que al primer sorbo te hace fruncir un poco la cara, pero al tercero ya te parece lo más normal del mundo.
Plaza Erkoreka y el arte de perder el tiempo
La Plaza Erkoreka funciona como el salón del pueblo. No es una plaza monumental ni pretende serlo, pero casi todo acaba pasando por allí.
Hay bancos, un quiosco y bastante movimiento a lo largo del día. Gente que queda para tomar algo, chavales cruzando la plaza de camino a casa, mayores comentando la jugada como si estuvieran retransmitiendo el partido desde la grada.
Alrededor están el ayuntamiento y varios locales con terrazas que, cuando sale un poco el sol, se llenan rápido. Es de esos sitios donde te sientas un rato y terminas viendo media vida del pueblo pasar delante.
Cuándo acercarse a Laudio
Agosto suele ser tranquilo. Mucha gente se va unos días y el ritmo baja bastante, algo bastante común en municipios del interior.
En cambio, en primavera o en otoño el valle está especialmente verde y el paseo por el río gana bastante. Si estás por Bilbao o por Vitoria y te apetece salir un rato de la ciudad, Laudio queda a mano para una vuelta corta: tren, paseo, algo de ambiente en el centro y poco más.
Porque el turismo en Laudio no va de monumentos enormes ni de calles preparadas para la foto. Va más bien de observar cómo funciona un pueblo real: la plaza llena a media tarde, el mercado semanal, la gente que se conoce de toda la vida.
Y a veces, cuando viajas, eso se agradece bastante más que otro casco histórico perfecto.