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sobre Ondarroa
Cantábrico, acantilados y sabor marinero en el corazón vasco.
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Ondarroa vive del puerto y se nota desde que entras. La ría corta el pueblo y todo gira alrededor de los barcos. El viejo puente giratorio sigue ahí, oxidado. Lleva años sin funcionar y cada cierto tiempo se vuelve a hablar de arreglarlo. De momento no gira. Los pesqueros sí entran y salen a diario.
Entrar y aparcar
Ondarroa no tiene mucho misterio para orientarse. La carretera baja directa hacia el puerto y al casco urbano. El problema es el coche. El espacio es justo y muchas plazas están ocupadas por vehículos ligados al puerto.
Si llegas tarde, dar vueltas no sirve de mucho. Lo más sensato suele ser dejar el coche en la parte alta del pueblo y bajar andando. Son unos minutos de cuesta, pero te ahorras el rato de buscar hueco en el centro.
La iglesia de Santa María
Santa María de la Antigua queda pegada a la ría. La fachada tiene argollas de hierro incrustadas en la piedra. Se usaban cuando el agua llegaba más arriba y las embarcaciones podían amarrar cerca.
El edificio es gótico tardío. Grande para un pueblo de este tamaño. Sobrevivió a incendios y guerras que arrasaron parte de Ondarroa a finales del siglo XVIII. Dentro están las esculturas que aquí llaman “los mamús”. Son figuras algo grotescas. Mucha gente entra solo para verlas.
El puerto
El puerto es lo único que realmente marca el ritmo del lugar. Hay movimiento temprano, cuando entra el pescado y la lonja empieza a trabajar. Luego la actividad baja y el muelle queda más tranquilo.
El olor cambia según el día. A veces sal y gasóleo. Otras, pescado recién descargado. En verano se mezcla con el ambiente de terrazas y gente paseando. El puerto interior, construido en el siglo XX para ordenar la actividad pesquera, hoy se queda algo justo para algunos barcos. Aun así, sigue siendo el centro real de Ondarroa.
Caminar por la costa
Si te apetece andar, lo más lógico es salir hacia la costa. El tramo que conecta con Mutriku forma parte del flysch: acantilados de roca oscura con capas muy visibles. El camino sube y baja bastante, pero las vistas del Cantábrico compensan.
Hacia el otro lado hay playas y zonas urbanizadas. Se camina bien, aunque el paisaje cambia rápido entre bloques de viviendas y tramos de costa abierta.
Consejo final
Ondarroa no intenta impresionar. Es un puerto que sigue trabajando y un casco pequeño alrededor. La iglesia aguanta, el puente viejo sigue quieto y el mar está a dos pasos.
Si pasas por la zona, entra un rato, da una vuelta por el muelle y mira cómo funciona el puerto. Con una hora basta. Luego sigue ruta por la costa.