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sobre Ziortza-Bolibar (Cenarruza)
Valles y caseríos a un paso de Bilbao, con mucha vida local.
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Hay pueblos que funcionan como esas casas de los abuelos donde entras y todo está más o menos en el mismo sitio desde hace décadas. No porque estén congelados, sino porque nadie ha tenido prisa por cambiarlos. El turismo en Ziortza-Bolibar va un poco por ahí. Llegas, aparcas, caminas dos calles… y enseguida entiendes el ritmo del lugar.
No es un sitio de grandes monumentos uno detrás de otro. Aquí la gracia está en hilar dos o tres lugares con un paseo tranquilo y mirar alrededor. Prados, caseríos, colinas suaves. Ese tipo de paisaje que parece sencillo hasta que te das cuenta de que llevas un rato parado mirando.
La Casa Museo de Bolibar y la colegiata de Ziortza
En el barrio de Bolibar está la casa vinculada a la familia de Simón Bolívar. La actual casa museo es discreta, más cercana a una torre antigua que a un museo moderno lleno de pantallas. Si te interesa la historia del personaje, ayuda a entender cómo un apellido de este valle acabó conectado con medio continente americano.
El edificio tiene ese aire sólido de las casas antiguas de la zona: muros gruesos, ventanas pequeñas, madera oscura. Un poco como esas casas que en invierno parecen hechas para aguantar cualquier temporal.
A muy poca distancia aparece la Colegiata de Ziortza, que durante siglos fue un punto importante del Camino de Santiago del Norte. El conjunto es sobrio. Piedra, patio, silencio. Si te sientas un rato se oye más el viento o algún pájaro que otra cosa.
El lugar tuvo un incendio serio hace décadas y hubo que reconstruir parte del conjunto. Aun así mantiene ese ambiente de monasterio rural que parece apartado del mundo, aunque la carretera esté relativamente cerca.
Caminar por el entorno
Los alrededores se entienden mejor andando un poco. No hace falta plantearlo como una ruta larga. Basta seguir un tramo del camino que usan los peregrinos o alguna pista que conecte caseríos.
El paisaje es suave, de esos que engañan. Desde el coche parece casi plano, pero cuando empiezas a caminar siempre aparece una cuesta corta que te hace entrar en calor. Como cuando sales a dar “un paseo rápido” después de comer y al final vuelves una hora más tarde.
Los prados suelen estar delimitados por muros de piedra y setos. En días húmedos el olor a hierba mojada es constante. Si ha llovido, el barro aparece rápido, así que conviene llevar calzado con algo de suela.
Lo que mucha gente calcula mal
Ziortza-Bolibar se recorre rápido. No es un pueblo para pasar todo el día dando vueltas por el casco urbano porque el casco urbano, en realidad, es pequeño.
Lo habitual es ver la casa museo si coincide que está abierta, acercarse a la colegiata y después caminar un poco por los alrededores. Algo parecido a cuando paras en un área tranquila durante un viaje largo: estiras las piernas, miras alrededor con calma y sigues ruta.
También conviene tener en cuenta las carreteras. Son estrechas y con bastantes curvas. Si coincide un día con más visitantes de lo normal, encontrar sitio para aparcar puede requerir algo de paciencia.
Cuándo merece más la pena acercarse
La primavera suele enseñar el valle en su versión más verde. Todo está muy vivo y el contraste con la piedra de los edificios se nota mucho.
El otoño cambia el ambiente. Las hojas caídas, los tonos más apagados y esa luz baja de la tarde hacen que el paseo tenga otro ritmo, más tranquilo todavía.
En verano hay días largos y buena temperatura, aunque también pasa más gente por el Camino de Santiago. Si llegas temprano, el lugar todavía está medio dormido y se disfruta más.
Cuando llueve el paisaje se vuelve más denso. Los caminos embarrados no animan a caminar demasiado, pero el valle tiene ese olor a tierra mojada que recuerda bastante a cuando empieza a llover después de varios días de calor.
Cómo encajarlo en una ruta por Lea Artibai
Lo más sensato es incluir Ziortza-Bolibar dentro de un recorrido mayor por la comarca de Lea Artibai. Es uno de esos lugares que funcionan bien como parada tranquila entre otros pueblos o tramos de costa.
Vienes, das una vuelta, entiendes un poco la historia del sitio y sigues camino. Como cuando haces una pausa en mitad de un viaje largo y descubres un lugar que no estaba en el plan, pero que termina siendo uno de los recuerdos más claros del día.