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sobre Campezo/Kanpezu
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El turismo en Campezo Kanpezu se parece un poco a cuando te desvías de la carretera principal “a ver qué hay”. No vas buscando un monumento famoso ni una foto concreta. Vas porque el paisaje cambia, la carretera se estrecha y de repente todo se vuelve más tranquilo. Si alguna vez has conducido por el interior de Álava, sabes a qué me refiero: curvas suaves, prados abiertos y pueblos donde el reloj parece ir a otra velocidad.
Campezo —o Kanpezu, según prefieras usar castellano o euskera— está en la Montaña Alavesa, en ese extremo del territorio donde el paisaje empieza a ponerse más verde y más cerrado. No es un solo núcleo, sino un municipio formado por varios pueblos pequeños repartidos por el valle. El principal es Santa Cruz de Campezo, que funciona como centro de la zona.
Aquí no vas a encontrar grandes iconos turísticos. Y casi mejor así.
Santa Cruz de Campezo, el centro del valle
Santa Cruz es ese tipo de sitio donde todo pasa a escala pequeña: la plaza, el ayuntamiento, algunas calles con casas de piedra bastante sobrias y la iglesia marcando el perfil del pueblo. La iglesia de la Asunción, con origen en el siglo XVI aunque reformada con el tiempo, tiene ese aire robusto de las iglesias del interior alavés: más pensadas para durar siglos que para llamar la atención.
Lo bueno de empezar aquí es que te orientas rápido. Das una vuelta andando, entiendes cómo está organizado el pueblo y desde ahí ya decides si seguir explorando el valle o subir hacia los montes cercanos.
Un municipio hecho de pueblos pequeños
Parte del interés de Campezo está en moverte entre sus concejos. Lugares como Antoñana, Oteo o Orbiso mantienen esa estructura de pueblo compacto, con casas de piedra, huertas cerca y campos alrededor.
Antoñana, por ejemplo, conserva parte de su antiguo trazado amurallado. No es enorme ni monumental, pero cuando entras por una de sus puertas entiendes rápido que aquello nació como un pequeño enclave defensivo en el valle.
En general son pueblos tranquilos, de los que se recorren despacio y sin itinerario fijo. Aparcas, das una vuelta, miras las casas, la iglesia, los montes alrededor… y sigues.
Caminar por la Montaña Alavesa
Si te gusta andar, el entorno de Campezo tiene bastante juego. El valle está rodeado de montes y zonas de bosque que forman parte del Parque Natural de Izki, uno de los grandes pulmones de Álava.
Aquí los planes suelen ser sencillos: senderos entre robledales, pistas forestales y caminos que conectan pueblos. Nada especialmente espectacular, pero sí muy agradable para caminar unas horas.
En otoño el paisaje cambia bastante. Los robles y hayas empiezan a tirar hacia los ocres y rojizos, y el valle gana mucha profundidad de color. En primavera todo está más verde y los prados alrededor de los pueblos se llenan de actividad agrícola.
Detalles que cuentan cómo se vive aquí
Lo que más se recuerda de Campezo suele ser lo cotidiano: vacas en los prados cerca de la carretera, huertas pegadas a las casas, gente mayor charlando en un banco cuando cae la tarde.
Todavía se ven trabajos del campo bastante visibles en el día a día. Y no es raro cruzarte con vecinos que conocen el monte al detalle: dónde salen setas cuando toca o qué sendero usaban de críos para ir al pueblo de al lado.
También se mantiene la producción de queso Idiazabal en la zona, ligada al pastoreo de oveja latxa, aunque muchas veces esa actividad ocurre lejos de cualquier circuito turístico.
Un lugar para ir sin prisa
Campezo no es un destino de agenda apretada. De hecho, si vienes esperando una lista larga de cosas que tachar, probablemente te sabrá a poco.
Funciona mejor como base para moverte por la Montaña Alavesa o como parada tranquila en una ruta por el interior de Álava. Das un paseo por Santa Cruz, te acercas a alguno de los pueblos cercanos, te metes un rato en el monte… y el día se pasa sin darte cuenta.
A veces viajar por aquí se parece bastante a visitar a un amigo que vive en el campo: no hay espectáculo preparado, pero al final te quedas más rato del que pensabas. Y eso, en esta parte de Álava, suele ser buena señal.