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sobre Mundaka (Mundaca)
Cantábrico, acantilados y sabor marinero en el corazón vasco.
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Hay pueblos que funcionan como un reloj. Otros van más bien como una barca amarrada: se mueven según la marea. El turismo en Mundaka tiene bastante de lo segundo. Aquí el ritmo no lo pone el reloj, lo pone el mar. Si la ría sube, todo cambia. Si baja, el paisaje vuelve a reorganizarse como cuando alguien aparta la mesa del salón y aparece el suelo que no veías.
Mundaka es un pueblo pesquero dentro de la Reserva de la Biosfera de Urdaibai. Pequeño de verdad: poco más de una docena de calles que caen hacia el puerto. Cuando lo recorres tienes la sensación de que todo está a dos minutos andando, como esos barrios donde sales a por pan y acabas encontrándote con medio vecindario.
La fama internacional le viene por la ola izquierda que rompe frente a la costa. Atrae a surfistas con bastante experiencia, no a gente que empieza. Pero incluso si el surf te da un poco igual, el pueblo funciona bien para pasar unas horas. Un paseo por el muelle, una vuelta por la calle principal y ya vas entendiendo de qué va el sitio.
Miradores sobre la ría y Santa Catalina
Subir hasta la ermita de Santa Catalina suele ser lo primero que hago cuando llevo a alguien. No está lejos, pero la cuesta tiene ese punto que te hace aflojar el paso, como cuando subes la última rampa de un aparcamiento.
La capilla se asoma justo sobre el puerto. Desde allí se ve la entrada de la ría y el perfil de las casas apretadas del pueblo. Con marea alta el agua parece acercarse mucho más al casco urbano. Con marea baja aparecen bancos de arena que cambian la forma de todo el estuario. Es un poco como ver la misma habitación con la luz encendida y luego apagada: reconoces el sitio, pero no se siente igual.
Muy cerca está la iglesia de Santa María. Ha tenido reformas a lo largo del siglo XX, aunque mantiene rasgos tradicionales en la fachada. La torre se ve desde varios puntos del pueblo y sirve bastante para orientarte, como esas torres de iglesia que en los pueblos funcionan casi como faros terrestres.
El puerto: donde se entiende el pueblo
El puerto de Mundaka explica el lugar mejor que cualquier guía. Barcos pesqueros, embarcaciones deportivas y alguna barca tradicional compartiendo espacio. Nada raro para la costa vasca, pero aquí todo queda muy concentrado.
Cuando sopla viento o la marea empuja fuerte, los barcos se mueven amarrados al muelle como coches que se balancean cuando pasa un camión grande por la carretera. Esa sensación de movimiento constante está muy presente.
Frente al pueblo se forma la famosa ola izquierda. No es algo que veas siempre igual. Depende de la arena, del viento y de la marea. Algunos días apenas llama la atención. Otros se levanta con una forma muy limpia y larga que hace que los surfistas esperen su turno en el agua como si estuvieran haciendo cola.
El estuario de Urdaibai alrededor del pueblo
Mundaka está rodeado por el estuario de Urdaibai. Eso significa marismas, bancos de arena y bastante vida de aves. En ciertas épocas del año pasan bandadas migratorias. También es habitual ver garzas o cormoranes quietos sobre ramas o pequeñas orillas.
Entre Mundaka y la zona de Laida hay caminos que siguen parte del estuario. No son rutas complicadas. Más bien paseos tranquilos, de esos en los que avanzas un rato, paras a mirar el agua y sigues. El paisaje va cambiando poco a poco, como cuando conduces por una carretera secundaria y cada curva abre un trozo nuevo de vista.
Pasear hacia Laida y mirar el mar con calma
Si tienes poco tiempo, la carretera que sale hacia Laida da bastante juego. Caminando un rato empiezas a ver la ría desde otros ángulos. Las mareas se notan mucho aquí. En cuestión de horas el agua cubre zonas que antes eran arena abierta.
Los surfistas suelen aparecer temprano o al final del día. Incluso desde tierra se ven las trayectorias largas que dibujan sobre la ola. A veces hay gente mirando desde el paseo, como quien se queda viendo a alguien hacer trucos con una bici en una plaza.
Practicar surf aquí no es algo para empezar desde cero. El oleaje puede ser fuerte. Pero no hace falta meterse al agua para disfrutar del ambiente. A veces basta con sentarse en el puerto un rato y ver cómo cambian las luces sobre la ría.
Si solo tienes un par de horas
Mundaka se ve rápido. En un par de horas puedes caminar por el muelle, subir a Santa Catalina y perderte un poco por las calles cercanas al puerto.
Mi consejo es sencillo: no intentes recorrerlo como si fuera una lista de cosas que tachar. Hazlo como cuando das una vuelta después de comer para bajar la comida. Sin prisa. Mirando el agua, los barcos y cómo el pueblo se adapta al ritmo de la marea. Ahí es donde Mundaka tiene más sentido.