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sobre Oyón/Oion
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Si buscas turismo en Oyon Oion, lo primero que verás no es un casco medieval ni una calle bonita. Es un cartel con una cifra sobre el vino de Rioja Alavesa. Bastante acorde con el sitio: aquí el vino manda y lo demás va detrás.
Aparca y empieza por la iglesia
Llegas por la A-124, la carretera que une Logroño con Haro. A la entrada del pueblo hay un par de aparcamientos grandes. Suelen ser gratuitos. Deja el coche ahí y muévete andando. La travesía es recta, pero los coches pasan ligeros porque mucha gente solo cruza el pueblo camino de otro sitio.
La iglesia de Santa María queda en la plaza Mayor. Es barroca. La torre es alta y muy visible desde casi cualquier calle. En el pueblo la llaman La Giralda. Entras, miras un momento y sales. No te llevará mucho tiempo.
Lo que no te cuentan de las bodegas
Oyon vive del vino. No hay palacios ni un casco antiguo largo. Lo que hay son cooperativas, naves grandes y camiones entrando y saliendo.
Muchos vecinos trabajan en bodegas. Se nota en cuanto preguntas por cualquier dirección. Las visitas suelen organizarse con reserva y se pagan. Si llegas sin plan, lo normal es que no encuentres nada abierto al momento.
Fiestas con fuego y pólvora
En enero celebran a sus patrones, San Vicente y San Anastasio. Suelen encender hogueras por las calles y sacan un torillo de fuego que recorre el centro.
En agosto repiten el tono festivo: encierros, toro de fuego y actos en la plaza. También sale la danza de los santos. Once danzantes con traje tradicional, dos filas y un capitán que marca el ritmo con gaita y tambor. La pieza dura poco y el baile también.
Un museo que casi nadie visita
En el antiguo matadero municipal montaron un pequeño museo etnográfico. Dentro hay casi trescientas piezas: herramientas del campo, utensilios de casa y cosas de cuando el pueblo era más agrícola.
El horario no siempre está claro. Si la puerta está abierta, pasa. Si no, tocará volver otro día. No suele haber personal ni taquilla.
Consejo final
Oyon no gira alrededor del turismo. Es un pueblo de trabajo en medio de viñedos.
Si vas entre Logroño y Haro, puedes parar un rato, ver la torre de la iglesia y dar una vuelta por el centro. Con una hora te haces una idea bastante clara de cómo es el sitio. Luego sigues ruta por la carretera. Aquí la vida va por otro lado.