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sobre Plentzia (Plencia)
Cantábrico, acantilados y sabor marinero en el corazón vasco.
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Si vienes a hacer turismo en Plentzia en agosto, lo primero que notas es el tráfico. El tren te deja a unos 200 metros de la playa y aun así hay coches dando vueltas desde las diez. El pueblo es pequeño: cuatro calles, la ría en medio y el puerto deportivo ocupando buena parte del espacio. Lo fundaron en 1299 con fueros de Logroño. Era un puerto más del Cantábrico y nunca creció mucho más que eso.
La playa y el agua fría
La playa ronda el medio kilómetro de arena fina. El agua rara vez pasa de los dieciocho grados, incluso en plena ola de calor. En julio y agosto hay más toalla que arena. Si buscas sitio, toca madrugar o moverse a Gorliz o Sopelana.
Desde el agua se ve parte del flysch de la costa. Hay salidas en barco algunos días, aunque la gracia está más en la costa que en el paseo. Aquí desemboca la ría y el agua suele verse bastante limpia para estar tan cerca de Bilbao.
Dónde aparcar sin perder los nervios
Hay un aparcamiento gratuito junto a la estación y otro cerca del campo de fútbol. Poco más. En verano, si llegas después de las doce, lo normal es dar vueltas.
El casco viejo es peatonal. En las calles cercanas hay zona regulada y la grúa trabaja rápido. Mucha gente opta por el metro desde Bilbao. La estación queda a unos quince minutos andando de la playa y evita el problema.
Un paseo que dura veinte minutos
Desde la playa subes por la escalera de madera, cruzas bajo la pasarela de Manterola y entras al centro. La plaza reúne la iglesia del siglo XVI y el ayuntamiento, construido en 1922 con piedra y madera.
No hay mucho más que ver. Das la vuelta por la calle Mayor, bajas hacia el puerto y ya está. Veinte minutos si caminas despacio.
Las casas siguen el patrón del litoral vasco: piedra, balcones de hierro y alguna torre antigua que sobrevivió a las guerras carlistas.
Mariscos que ya no son lo que eran
Las almejas de la ría tuvieron fama cuando el agua estaba menos castigada. Hoy muchas vienen de cultivo y el sabor no cambia mucho respecto a otros sitios. Las angulas del Butrón aparecen algunos inviernos y cuestan lo que imaginas.
Lo que suele salir bien es el pescado del día. Txangurro, rodaballo, bogavante. Aquí todavía entra género del Cantábrico y se nota, aunque los precios están en línea con cualquier zona costera cerca de Bilbao.
En julio celebran las fiestas de Santa María Magdalena y el pueblo se llena. En febrero llega San Blas con chorizo y vino en la plaza. Fuera de esas fechas, en invierno el ritmo baja bastante.
Consejo directo
Ven en tren si puedes. El coche aquí complica más de lo que ayuda.
La playa sirve para pasar la mañana y poco más. Después das un paseo por el casco viejo, tomas algo en el puerto y listo. Si te apetece caminar un poco, el sendero hacia Gorliz recorre acantilado y suele estar tranquilo incluso en verano. No esperes grandes monumentos. Plentzia funciona mejor como escapada corta que como destino para todo el día.