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sobre Laguardia
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En lo alto de una colina, sobre un mar de viñedos de Rioja Alavesa, Laguardia se conserva como una villa medieval muy entera. Tras las murallas, el casco histórico mantiene el trazado de calles estrechas y casas blasonadas; bajo el empedrado, una red de calaos y bodegas subterráneas recuerda que aquí el vino no es un reclamo: es parte del paisaje y de la vida cotidiana.
Entrar por cualquiera de sus puertas sienta bien. La Puerta de San Juan (también llamada Puerta Nueva) es de las más monumentales. Ya dentro, la Plaza Mayor porticada marca el pulso del pueblo, con el Ayuntamiento presidiendo.
La visita que suele dejar mejor recuerdo es la Iglesia de Santa María de los Reyes, sobre todo por su pórtico policromado: pocas veces se ve el color tan bien conservado. La Iglesia de San Juan Bautista remata el perfil de la villa con su torre y guarda un retablo barroco.
Para pasear, la calle Mayor concentra varios edificios históricos (Casa de la Primicia, Palacio de los Samaniego). Merecen un alto la Torre Abacial y el paseo por el adarve de las murallas, con vistas abiertas sobre los viñedos, especialmente al caer la tarde.
Fuera del recinto, apetece caminar entre viñas y acercarse a los megalitos de la Ruta de los Dólmenes (como La Hechicera o El Encinal). También hay rutas en bici por la zona, y la Vía Verde del Vasco-Navarro pasa cerca.
Si solo tienes 2 horas
- Entra por la Puerta de San Juan y recorre la calle Mayor hasta la Plaza Mayor.
- Pásate por Santa María de los Reyes para ver el pórtico (si está accesible en ese momento).
- Cierra la vuelta en el adarve de las murallas para las vistas sobre Rioja Alavesa.
Errores típicos
- Ir en fin de semana a media mañana sin plan: se llena y se pierde tiempo en colas y aparcamiento.
- Estrenar calzado: el empedrado y las cuestas se notan.
- Quedarse solo en el casco histórico: los caminos entre viñedos y los dólmenes completan la visita.