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sobre Lanciego/Lantziego
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Lanciego/Lantziego, en la Rioja Alavesa, se asienta en la franja de colinas que separa el valle del Ebro de la sierra de Cantabria. En esta parte de Álava el viñedo no es solo un cultivo: es la forma del paisaje desde hace siglos. Con alrededor de 700 habitantes, el municipio conserva la escala de los pueblos agrícolas de la comarca, donde el casco urbano sigue siendo compacto y el campo empieza prácticamente al salir de la última calle.
El trazado del pueblo responde a esa lógica. Calles estrechas, casas de mampostería y portones amplios pensados para carros y aperos. En varias fachadas aún se ven escudos de piedra, señal de antiguas familias vinculadas a la propiedad de tierras o al comercio del vino. No es un casco monumental en el sentido clásico, pero sí bastante coherente: muchas viviendas mantienen elementos tradicionales y el conjunto conserva una cierta continuidad.
En el centro se encuentra la iglesia de San Martín de Tours. El edificio actual se levantó en el siglo XVI y más tarde fue reformado, algo bastante habitual en los templos de la zona. Desde fuera tiene un volumen sobrio, casi defensivo. En el interior se conserva un retablo barroco de tamaño moderado y varias imágenes posteriores, testimonio de una parroquia que durante siglos estuvo ligada al calendario agrícola y a la vida comunitaria del pueblo.
Viñedo alrededor del pueblo
Basta caminar unos minutos para que el paisaje se abra. Lanciego está rodeado de parcelas de viñedo que ocupan las lomas suaves que caracterizan la Rioja Alavesa. Muchas están delimitadas por muros de piedra seca o pequeños caminos agrícolas que hoy también utilizan quienes pasean o recorren la zona en bicicleta.
Las variedades más extendidas suelen ser las habituales de la denominación, con predominio del tempranillo y presencia de uvas blancas como la viura. La diferencia entre parcelas —orientación, altitud o tipo de suelo— explica por qué dentro de un espacio relativamente pequeño el viñedo cambia tanto de aspecto.
El trabajo en el campo marca el ritmo del año. En invierno se ven cuadrillas podando cepas; en primavera llegan las labores de mantenimiento y el brote nuevo; en otoño la vendimia llena los caminos de tractores y remolques. No es un paisaje detenido, sino un territorio en uso.
Paseos entre caminos agrícolas
Desde el propio casco urbano salen varios caminos de tierra que se internan entre viñas. No son rutas señalizadas como tal, pero permiten caminar sin dificultad durante una hora o dos, enlazando pistas que utilizan los agricultores.
Conviene recordar que la mayor parte de las parcelas son privadas y están en explotación. Lo habitual es caminar por los caminos y evitar entrar en las fincas o tocar la uva. Durante la vendimia o cuando hay maquinaria trabajando, algunos tramos pueden estar más transitados de lo normal.
La luz cambia mucho según la estación. En otoño, las hojas del viñedo pasan del verde a los rojos y amarillos. En primavera el paisaje se vuelve más uniforme y luminoso. El invierno deja las cepas desnudas y muestra con más claridad la estructura del terreno.
Cultura del vino en el entorno
Como en el resto de la comarca, buena parte de la actividad económica gira alrededor del vino. En el término municipal y en los pueblos cercanos existen bodegas de distinto tamaño, algunas de carácter familiar y otras más grandes.
En muchos casos organizan visitas o catas, normalmente con reserva previa. Suelen explicar el proceso de elaboración y enseñar tanto instalaciones modernas como antiguos espacios subterráneos donde tradicionalmente se guardaba el vino.
Recorrer el pueblo con calma
Lanciego se recorre rápido. La plaza y las calles cercanas concentran la mayor parte de los edificios más antiguos. Desde ahí salen pequeñas vías que en pocos minutos llevan al borde del casco urbano y a los caminos del viñedo.
Lo más práctico es dejar el coche en las entradas del pueblo. Varias calles del centro son estrechas y maniobrar resulta incómodo, algo habitual en los núcleos históricos de la Rioja Alavesa.
No es un destino pensado para pasar días enteros visitando monumentos. Funciona mejor como parada tranquila dentro de un recorrido por la comarca, o como lugar donde observar cómo sigue funcionando un pueblo vitícola donde el paisaje y el trabajo del campo siguen marcando el ritmo cotidiano.