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sobre Villabuena de Álava/Eskuernaga
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La forma de Villabuena de Álava —Eskuernaga en euskera— está determinada por lo que no se ve a simple vista. Este municipio de la Rioja Alavesa se asienta sobre una red de calados, bodegas subterráneas excavadas en la roca que durante siglos han servido para guardar el vino. Esa necesidad de conservación marcó la trama urbana: un casco compacto de calles cortas y casas de piedra, muchas de las cuales tienen su propio acceso al subsuelo. La vida aquí ha girado en torno al viñedo desde mucho antes de que el turismo vinícola existiera como concepto.
La iglesia parroquial de San Andrés, del siglo XVI con reformas posteriores, ocupa el centro. Su torre es el punto de referencia visual, visible desde los caminos entre viñas. El interior es sobrio, propio de un templo que ha servido a una comunidad pequeña y agrícola. Más que por su ornamentación, interesa como testimonio de esa continuidad.
Una arquitectura funcional, sin alardes
Pasear por las pocas calles del núcleo es una cuestión de mirar los detalles. Aparecen portadas de piedra bien trabajada, algún escudo heráldico en las fachadas más antiguas y aleros de madera que aún cumplen su función. Pero el elemento arquitectónico más significativo es discreto: las pequeñas puertas y respiraderos que señalan la entrada a los calados bajo las viviendas. La verdadera estructura del pueblo está ahí abajo.
Los calados: la bodega bajo la casa
Estas cavaciones no son una curiosidad histórica preservada; en muchos casos siguen en uso, vinculadas a bodegas familiares o a proyectos vitivinícolas locales. Mantienen una temperatura constante todo el año, la clave para la conservación tradicional del vino. Algunos pueden visitarse, pero generalmente requieren gestionar la visita con antelación. No se trata de una atracción museística, sino de un espacio de trabajo que explica la economía del lugar.
El viñedo no es solo un paisaje que se contempla. Es el territorio inmediato. Basta caminar cinco minutos desde la última casa para encontrarse inmerso en las parcelas ordenadas que se extienden hacia la Sierra de Cantabria.
Caminos entre viñas
Los caminos agrícolas —pistas de tierra para tractores— que salen del pueblo son la mejor manera de entender la escala del paisaje. En media hora de paseo, la perspectiva urbana desaparece y queda la llanura cultivada, con la sierra como telón de fondo norte. Son recorridos sencillos, pero hay que recordar que son vías de trabajo: es posible cruzarse con maquinaria, especialmente en épocas de vendimia o labores.
La zona es frecuentada por cicloturistas que recorren las carreteras secundarias de la comarca, siempre con la precaución que requiere el tráfico agrícola local.
Cómo moverse por Villabuena
El casco urbano se recorre a pie en poco más de una hora. Dadas las calles estrechas, lo más sensato es aparcar en las zonas habilitadas en las entradas del pueblo.
Si el objetivo es visitar un calado o una bodega con cierta profundidad, conviene planificarlo con tiempo y contactar antes. La oferta no suele ser de acceso espontáneo.
Conviene llevar agua y protección solar si se va a caminar por los caminos entre viñedos, donde la sombra es inexistente. Tras lluvias fuertes, algunas pistas de tierra pueden estar embarradas.