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sobre Bakio (Baquio)
Cantábrico, acantilados y sabor marinero en el corazón vasco.
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En la costa vizcaína, entre prados que se despeñan en acantilados y un Cantábrico con carácter, Bakio mantiene un pulso marinero muy reconocible. Con algo menos de 3.000 habitantes, el pueblo mezcla playa, caseríos y una vida diaria que sigue mirando al mar. Aquí se viene a caminar, a mojarse (o a ver las olas desde el paseo) y a comer bien, sin alardes.
Qué ver en Bakio
La playa de Bakio es el centro de todo: una franja amplia y cómoda, muy ligada al surf. Cuando el mar está movido, toca respetar banderas y corrientes; el Cantábrico no perdona despistes.
En lo alto, la ermita de San Pelaio funciona como balcón sobre la bahía. La subida es corta y agradecida, sobre todo al atardecer, cuando cambia la luz sobre la arena y los acantilados.
Hacia el este, el acantilado de Basordas enseña una costa distinta: rocas de tonos rojizos y ocres, praderas arriba y un paisaje que se transforma con la marea y el cielo.
Si te apetece altura, el Sollube (visible desde muchos puntos) se puede abordar desde la zona, con rutas que pagan bien en vistas cuando el día abre.
Qué hacer
Bakio se vive en clave de surf: hay ambiente de tablas durante buena parte del año y espacio para ver a quienes empiezan y a quienes ya van sobrados.
Para caminar con vistas, mucha gente enlaza con la ruta hacia San Juan de Gaztelugatxe por la costa (la ermita ya cae en el término vecino). Puede hacerse exigente si aprieta el calor o el viento, pero el paisaje compensa.
La gastronomía tira de pescado y del recetario vasco de barra y mantel. Y en los alrededores, el txakoli suele aparecer como compañero natural de una comida tranquila.
Si solo tienes 2 horas
Paseo por el frente de la playa, subida a la ermita de San Pelaio para ver la bahía desde arriba y vuelta con parada breve en el entorno de Basordas si el tiempo acompaña.
Mejor época
Bakio se disfruta más fuera de los días más concurridos del verano, cuando el pueblo respira y se camina sin prisas. Si buscas playa y ambiente, verano; si quieres rutas y miradores con menos gente, mejor ir en temporada más tranquila (y con un ojo en el parte del mar).