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sobre Bakio (Baquio)
Cantábrico, acantilados y sabor marinero en el corazón vasco.
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Hablar de turismo en Bakio obliga a empezar por el vino. El txakolí que se cultiva aquí nace prácticamente a la vista del mar: las viñas ocupan el fondo del valle que se abre hacia la playa, una rareza en Bizkaia, donde lo habitual es verlas en laderas. Ese paisaje explica bastante del carácter del lugar. Bakio ha vivido siempre entre dos ritmos: el del campo —con viñedos y caseríos dispersos— y el del mar abierto que empieza justo al final de la calle principal. Cuando a finales del XIX comenzaron a llegar veraneantes de Bilbao, ese contraste ya estaba ahí.
La costa que terminó formando un municipio
Bakio es municipio desde 1927. Hasta entonces el territorio se repartía entre varias parroquias que dependían administrativamente de Bermeo. La unificación no cambió la geografía —un valle ancho que desemboca en el Cantábrico—, pero sí la forma de organizar un lugar que empezaba a mirar al mar con otros ojos.
Durante siglos la playa no fue especialmente apreciada. Las arenas avanzaban hacia las tierras de cultivo y obligaban a reorganizar los campos una y otra vez. La economía local dependía sobre todo del caserío y de pequeñas explotaciones agrícolas, a las que con el tiempo se sumaron los viñedos de hondarrabi zuri, la variedad con la que se elabora el txakolí.
A finales del XIX y principios del XX empezaron a levantarse casas de veraneo vinculadas a familias acomodadas de Bilbao. Algunas fueron construidas por vecinos que habían emigrado a América y regresaron con dinero suficiente para edificar residencias llamativas frente al mar. Más tarde, sobre todo a partir de la segunda mitad del siglo XX, llegaron urbanizaciones y chalets que transformaron buena parte del frente litoral.
Entre la ermita y la parroquia
La ermita de San Pelayo es uno de los edificios más antiguos del municipio. Su origen suele situarse en época románica, probablemente en el siglo XII, aunque el edificio ha sufrido reformas posteriores. Está en una pequeña elevación desde la que se domina la desembocadura del río y parte del valle. No es un templo monumental, pero ayuda a entender la antigüedad del poblamiento en esta zona.
La parroquia de Santa María, en el barrio de Basigo, refleja otro proceso distinto: el de los templos que se amplían poco a poco. Hay referencias a una iglesia anterior en este lugar desde época medieval, y el edificio actual mezcla etapas constructivas. Algunos elementos corresponden a fases tardías del gótico y otros ya entran en el Renacimiento.
El núcleo que se extiende entre estas dos referencias religiosas conserva todavía tramos de calles estrechas y casas tradicionales. En varios edificios se reconocen los corredores de madera orientados al sur, pensados para aprovechar el sol y la ventilación.
El camino hacia Gaztelugatxe
A unos pocos kilómetros por la costa está San Juan de Gaztelugatxe, uno de los lugares más visitados de Bizkaia. Mucha gente llega en coche hasta el aparcamiento más cercano, pero históricamente el acceso también se hacía caminando desde los barrios de Bakio.
Desde Zubiaur parten senderos que recorren la costa entre laderas cubiertas de vegetación y pequeñas calas. Son caminos sencillos, aunque con algunos desniveles, y permiten ver el islote desde perspectivas menos concurridas que las del acceso principal.
En dirección contraria, hacia el interior, el monte Jata marca el límite del valle. Varias pistas y senderos suben hacia la sierra. Desde arriba se entiende bien la forma del terreno: un corredor natural orientado hacia el mar donde hoy se concentran muchos de los viñedos del municipio.
Lo que se come cuando hay tiempo
La cocina local tiene mucho que ver con el mar cercano y con las costumbres de la costa vizcaína. El marmitako de bonito sigue siendo uno de los guisos más reconocibles cuando llega la temporada del pescado. Patata, pimiento choricero y bonito cocinan juntos hasta que el caldo liga y adquiere ese color rojizo tan característico.
El bacalao al pil‑pil pertenece al mismo repertorio clásico. La salsa se consigue moviendo la cazuela con paciencia para que la gelatina del pescado emulsione con el aceite.
También aparecen con frecuencia los chipirones en su tinta, acompañados de arroz blanco. Y, naturalmente, el txakolí del propio valle, que suele servirse joven y con cierta frescura. En muchas casas todavía se bebe como vino cotidiano de comida.
Cuándo ir y qué conviene saber
El verano concentra la mayor afluencia, sobre todo cuando coincide buen tiempo con fin de semana. La playa, larga y abierta, atrae tanto a quienes vienen a pasar el día como a surfistas que buscan olas en la entrada de la bahía.
En los meses de julio y agosto aparcar cerca del paseo marítimo puede complicarse a media mañana. Lo habitual es dejar el coche en las zonas más alejadas y bajar caminando hacia la playa.
Fuera de temporada el ambiente cambia bastante. El valle recupera un ritmo más pausado y los senderos de la costa o del interior se recorren con mucha más tranquilidad. Es entonces cuando se aprecia mejor la mezcla que define Bakio: caseríos entre viñas, un valle agrícola que desemboca directamente en el Cantábrico y un pueblo que siempre ha vivido mirando a ambos lados.