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sobre Mungia (Munguía)
Valles y caseríos a un paso de Bilbao, con mucha vida local.
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Si vas a ver Mungia, empieza por lo práctico: aparca en las calles alrededor del centro y entra andando. El casco es pequeño y se recorre rápido. El viernes por la mañana la plaza huele a pescado: es día de mercado y los puestos ocupan buena parte del centro.
No suele haber demasiados visitantes. La mayoría de la gente que ves comprando viene de los alrededores o de Bilbao.
El pueblo que no quería ser ciudad
Mungia ronda los 18.000 habitantes y aun así funciona como un pueblo. La gente se saluda por la calle, muchas conversaciones van en euskera y el frontón sigue teniendo más movimiento que algunos parques.
La villa se fundó en el siglo XIV. Aun así, el centro no impresiona demasiado: una calle principal y varias travesías alrededor. En diez minutos lo tienes visto.
Para llegar sin coche hay autobuses desde Bilbao con bastante frecuencia. El antiguo tren que conectaba con la ría dejó de funcionar hace décadas y nunca volvió.
Lo que queda de lo que fue
La iglesia de San Pedro es relativamente reciente. La anterior se perdió durante la Guerra Civil y la reconstrucción fue bastante sobria.
Si te interesa la arquitectura rural, merece la pena fijarse en Landetxo Goikoa. Es un caserío muy antiguo que sigue en pie a duras penas. No se visita por dentro, pero desde fuera se aprecia bien la estructura.
La torre de Torrebillela, algo apartada del centro, lleva años esperando una restauración completa. Parte del edificio se mantiene, otra parte está muy deteriorada.
La ermita de San Miguel de Zumetzaga es sencilla: piedra, una sola nave y poco más. Cumple su función y nada más.
En el centro está también la Fuente de la Concordia. Se instaló en el siglo XIX para simbolizar el final de las disputas entre la villa y la antigua anteiglesia. Durante siglos estuvieron peleando por impuestos y poder local.
El viernes es sagrado
El mercado ocupa la plaza desde primera hora de la mañana. Llegan productores de la comarca con fruta, verduras, queso o sidra. También hay pescado y marisco algunos días.
No es un mercado pensado para visitantes. La mayoría compra rápido y se va. Aun así, si te quedas un rato ves cómo funciona el pueblo de verdad.
Detrás está el frontón. A media mañana siempre hay gente mirando o comentando la partida. Mejor observar sin llamar mucho la atención: no es un espectáculo organizado, es su rutina.
Si te sientas en alguna terraza de la plaza escucharás bastante euskera. Aquí se usa a diario.
La ruta del tren fantasma
El antiguo trazado del tren entre Lutxana y Mungia se reconvirtió en vía verde. Desde el pueblo puedes seguirla hacia Maruri-Jatabe por un carril asfaltado que atraviesa zonas agrícolas.
El recorrido ronda los ocho kilómetros. Es llano y se puede hacer andando o en bici sin problema. Hay tramos con poco sombra, así que en verano conviene llevar agua.
El paisaje es el típico de esta parte de Bizkaia: caseríos dispersos, maizales y colinas verdes al fondo. No hay grandes miradores ni nada espectacular. Es simplemente una forma tranquila de moverse entre pueblos.
Consejo de martes por la tarde
Si quieres ver Mungia con algo de ambiente, ven un viernes por la mañana. Das una vuelta por el mercado, recorres el centro y en una hora lo tienes claro.
El resto de días el pueblo es bastante normal. Vida local, coches pasando y poco más. Si te cuadra de camino hacia la costa o hacia el interior de Uribe Kosta, párate un rato. Si no, tampoco hace falta organizar un viaje solo para esto.