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sobre Urizaharra (Peñacerrada)
Verde intenso, caseríos y montañas cercanas con rutas y miradores.
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Urizaharra, también llamado Peñacerrada, se asienta en la vertiente sur de la Montaña Alavesa, a unos treinta kilómetros de Vitoria‑Gasteiz. Su estructura urbana es la de un núcleo medieval: calles estrechas y en pendiente, con casas alineadas en torno a lo que fue un recinto amurallado. En algunas portadas se conservan escudos labrados de antiguas familias del lugar.
El pueblo surgió en la Edad Media, en una zona que durante siglos funcionó como frontera. De aquel pasado quedan rastros: tramos de muralla integrados en viviendas y referencias al castillo que vigilaba el entorno. La iglesia de San Andrés ocupa el centro. El edificio actual es del siglo XVI, con reformas posteriores. Alberga un retablo barroco tardío, discreto y acorde con la escala del templo. El campanario de ladrillo sobresale entre los tejados y se ve desde varios puntos.
El trazado mantiene el orden medieval. Calles que se cruzan forman esquinas cerradas y pequeños espacios abiertos. Las fachadas muestran distintas etapas: muros de mampostería, portales con dovelas bien trabajadas y añadidos posteriores. Muchas casas se orientan al sur, buscando luz y resguardo del viento.
En las laderas cercanas se ven parcelas delimitadas por muros de piedra seca. Robles, algunos castaños y prados abiertos conforman el paisaje inmediato. La agricultura y la ganadería han marcado durante siglos el ritmo del lugar, algo que aún se lee en la organización del terreno.
Junto al centro hay un frontón levantado a mediados del siglo XX. Sigue siendo un punto de encuentro cuando el tiempo acompaña: partidas improvisadas, chavales con la pelota y vecinos charlando.
Desde el casco salen varios caminos que atraviesan prados y pequeñas manchas de bosque. En algunos tramos aparecen muros antiguos que separaban fincas o servían como vías pecuarias. El terreno puede volverse resbaladizo tras la lluvia, algo habitual aquí.
Recorrer Urizaharra no lleva mucho tiempo. Conviene caminar despacio y fijarse en los detalles: portadas con escudos, muros que pudieron ser parte de la defensa o cambios en la piedra que delatan ampliaciones. Desde algunos puntos altos del pueblo se ve la Sierra de Toloño al sur.
El ambiente suele ser tranquilo la mayor parte del año. En primavera y otoño el paisaje cambia de color y el aire invita a caminar. En invierno la niebla es frecuente y a veces envuelve el pueblo durante horas.
Para moverse por la zona, las carreteras locales enlazan con otros pueblos de la Montaña Alavesa. En pocos kilómetros se pasa de valles abiertos a zonas más cerradas junto a la sierra. El relieve cambia rápido y explica cómo se han asentado los núcleos de esta comarca.
Es mejor dejar el coche fuera del casco antiguo o en los espacios habilitados a la entrada. El interior se recorre a pie sin dificultad y así se aprecia mejor su escala.
Urizaharra es uno de esos lugares donde la forma del caserío todavía cuenta su historia. Murallas reaprovechadas, casas levantadas sobre otras más antiguas y un trazado que apenas ha cambiado permiten entender cómo funcionaba un pequeño núcleo fortificado en esta parte de Álava. Basta caminar un rato para verlo.