Artículo completo
sobre Aizarnazabal
Entre montes y mar, tradición vasca y buen comer en cada plaza.
Ocultar artículo Leer artículo completo
Hay pueblos que aparecen en el mapa casi por casualidad. Vas camino de la costa, miras a un lado, ves un desvío y piensas: “¿y esto qué será?”. Con Aizarnazabal pasa algo así. El turismo en Aizarnazabal no gira alrededor de monumentos grandes ni de calles llenas de tiendas. Es más bien uno de esos sitios que entiendes al caminar diez minutos.
Está a un paso de Zumaia y Getaria, y a unos veinte minutos en coche desde Azpeitia. Poco más de ochocientos vecinos y un ritmo bastante tranquilo incluso para los estándares de Gipuzkoa. El núcleo es pequeño. Una plaza, la iglesia de San Martín de Tours y alrededor varios caseríos de piedra con tejado rojo. Todo muy compacto, como si el pueblo hubiese decidido no crecer demasiado.
La iglesia está ahí, presidiendo sin hacer ruido. Si coincide que está abierta y entras un momento, verás un interior sencillo, de paredes claras, muy en la línea de muchas parroquias rurales de la zona. Fuera, el campanario se ve desde casi cualquier punto del casco. No es monumental, pero marca el lugar donde gira la vida del pueblo.
Dar una vuelta por el centro lleva poco rato. Enseguida empiezan las salidas hacia caminos rurales. Ahí es donde Aizarnazabal se explica mejor. Un par de calles se transforman en pistas estrechas entre prados, huertas y algún caserío suelto.
Lo que rodea al pueblo
En cuanto sales del núcleo aparecen las laderas suaves típicas de esta parte de Urola Kosta. Prados verdes, parcelas de cultivo y ovejas pastando como si no hubiera pasado el tiempo. No es un paisaje dramático. Más bien continuo. Colinas que suben y bajan sin grandes golpes de efecto.
El trabajo agrícola todavía se nota bastante. Hay maíz en algunas parcelas, pequeños huertos y caseríos que siguen activos. No es raro oír maquinaria o ver a alguien moviéndose por las fincas mientras caminas.
También pasan cerca varios arroyos discretos. No llaman mucho la atención hasta que te acercas. Entonces escuchas el agua y entiendes por qué todo alrededor está tan verde.
Caminos sencillos para estirar las piernas
El núcleo se recorre rápido. En una hora puedes dar la vuelta completa y salir un poco hacia el campo. Algunas pistas enlazan con tramos relacionados con el Camino de Santiago que cruza esta parte de Gipuzkoa hacia la costa.
Mientras caminas empiezas a fijarte en detalles que al principio pasan desapercibidos. Muros de piedra seca, portones grandes de madera, nombres de caseríos que llevan ahí generaciones. Lugares como Basalmendi o Zelaya siguen apareciendo en mapas y en buzones.
No hace falta planificar mucho. Basta con seguir uno de los caminos que salen del pueblo y ver hasta dónde te apetece llegar antes de dar la vuelta.
Cómo es visitar Aizarnazabal
Aquí no hay museos grandes ni edificios históricos que te tengan ocupado toda la mañana. Aizarnazabal funciona mejor como parada breve mientras recorres la zona entre Azpeitia, Zestoa y la costa.
Yo lo veo como ese sitio donde estiras las piernas, miras alrededor y bajas un poco el ritmo. Aparcas cerca del centro y continúas andando. Hay cuestas, pero las típicas del interior guipuzcoano, nada exagerado.
Cuándo venir
La primavera y el otoño suelen mostrar el paisaje más vivo. El verde se vuelve muy intenso y los caminos están activos con gente trabajando en el campo.
Después de varios días de lluvia algunos senderos se embarran bastante. Conviene venir con calzado que aguante barro. Nada especial, pero mejor evitar zapatillas muy finas.
Cuando la niebla baja sobre los prados, algo bastante común en esta zona, el pueblo queda medio escondido entre gris y verde. No es el día más luminoso para fotos, pero tiene su ambiente.
Cómo llegar sin complicarse
Las carreteras comarcales que conectan Azpeitia, Zestoa y la costa pasan cerca. Desde cualquiera de esos puntos llegas en pocos minutos. Son vías estrechas y con curvas, como casi todas en esta parte de Gipuzkoa, pero están bien asfaltadas.
Una vez dentro del pueblo todo queda a mano andando. Dejas el coche cerca de la plaza y el resto se hace a pie. En realidad, Aizarnazabal se entiende mejor así. Caminando despacio y mirando alrededor.