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sobre Getaria (Guetaria)
Cantábrico, acantilados y sabor marinero en el corazón vasco.
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La lonja de Getaria empieza a moverse antes del amanecer. Es la rutina de un puerto que lleva siglos funcionando en esta curva de la costa guipuzcoana, entre el monte San Antón y la ladera. Alfonso VIII otorgó fuero a la villa en 1209, pero su historia está ligada al mar desde mucho antes. El islote de San Antón, que desde la carretera parece un ratón bebiendo agua, ha servido de referencia a los barcos durante generaciones.
Una trama urbana condicionada por la geografía
El espacio entre la montaña y el mar era escaso. Por eso el trazado medieval se organizó en calles paralelas que siguen la línea de la costa, con una pendiente constante hacia el agua. Las fachadas principales de las viviendas más antiguas miran al Cantábrico, que era la vía de comunicación y la fuente de trabajo. No es un diseño casual; es la adaptación a un terreno que no daba opciones.
En 1397, las Juntas Generales de Gipuzkoa se reunieron en la iglesia de San Salvador. La elección no fue arbitraria. Getaria era entonces un puerto clave para la exportación del hierro y el trigo del interior hacia el norte de Europa. El templo, del siglo XIV con reformas posteriores, tiene una robustez poco común en esta costa. Bajo sus piedras arranca la Katrapona, un pasadizo abovedado que desciende hacia el muelle. Se usaba para conectar el puerto con la iglesia y aún puede recorrerse cuando la marea está baja.
Viñedos junto al Cantábrico
La producción de txakolí en Getaria no es una moda reciente. Hay documentos del siglo XVI que ya hablan de los vinos de esta zona. La denominación de origen se creó mucho después, a finales del siglo XX, para proteger unos viñedos que crecen en condiciones particulares.
Las cepas se plantan en laderas orientadas al sur y se guían en parrales altos. Es una técnica para alejarlas de la humedad del suelo y mitigar el efecto de la brisa marina. El vino resultante es ligero, con una acidez marcada. Aquí se sirve escanciado desde cierta altura, una costumbre que rompe la tensión superficial y realza su frescura.
La anchoa es la otra pata económica tradicional. Durante la campaña del bocarte, las embarcaciones regresan al puerto a media mañana. El pescado se sala y se deja curar en barriles de madera durante meses antes de su envasado. El proceso apenas ha cambiado en décadas. Cerca del muelle, el olor a salazón forma parte del ambiente habitual.
El paseo hasta San Antón
El monte San Antón estuvo separado de tierra firme hasta que a principios del siglo XX se construyó el dique que ahora sirve de espigón. Desde su base arranca un camino empinado pero corto que sube a la cumbre.
Quedan allí los cimientos de una ermita desaparecida y un faro que sigue operativo. La panorámica desde arriba aclara la disposición del pueblo: la trama urbana apretada contra la ladera, el puerto resguardado por el dique y, hacia el oeste, la línea continua de la playa de Zarautz. De este punto sale también un sendero costero bien marcado que recorre los acantilados en dirección a Zarautz.
Cristóbal Balenciaga
Cristóbal Balenciaga nació en 1895 en una casa cercana al puerto. Su padre era marinero y su madre, modista. Esa combinación familiar marcó su perspectiva: la precisión de un oficio y el conocimiento de los tejidos.
El museo que lleva su nombre ocupa el palacio Aldamar, en la parte alta del pueblo. Más allá de exponer vestidos, explica cómo un creador formado en un entorno pequeño llegó a definir buena parte de la alta costura europea de mediados del siglo XX. La relación del diseñador con Getaria fue constante a lo largo de su vida.
Cómo moverse por el pueblo
La zona antigua es compacta y se recorre a pie sin problema. La calle Nagusia funciona como eje principal.
Es habitual aparcar cerca del puerto y entrar caminando al casco viejo. Desde allí se puede subir a la iglesia de San Salvador, bajar después por la Katrapona hacia el muelle y seguir por el dique hasta la base del monte San Antón.
Fuera de los meses de verano, el ritmo cambia. Se nota más la actividad pesquera en el puerto y el día a día de los vecinos.