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sobre Zestoa (Cestona)
Entre montes y mar, tradición vasca y buen comer en cada plaza.
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En el valle del Urola, Zestoa (Cestona) va a su ritmo: pueblo de interior, verde por todas partes y el agua como hilo conductor. Las aguas termales llevan siglos trayendo gente que busca bajar revoluciones, y el resto se completa con paseos fáciles, caseríos en las laderas y una visita cultural de las que se recuerdan.
El casco urbano se recorre sin esfuerzo. Hay casas tradicionales mezcladas con edificios más formales, y casi siempre aparece el río cerca, aunque sea por el sonido. En cuanto sales del centro, cambian las vistas: prados, bosques y caminos rurales que conectan barrios y alguna ermita.
Qué ver en Zestoa
El balneario de Zestoa es el gran icono local: un edificio neoclásico del siglo XIX ligado a las aguas termales. Aunque no vayas a tratamientos, el conjunto y el entorno merecen la caminata.
En la plaza, la Iglesia de San Martín de Tours marca el centro. Tiene origen medieval, con reformas posteriores, y un interior con retablos interesantes.
En el barrio de Ekain está la Cueva de Ekain. La cavidad original se conserva cerrada, pero se visita Ekainberri, una réplica que permite ver las pinturas rupestres y entender el contexto prehistórico.
Qué hacer
Si te apetece andar sin prisas, hay rutas sencillas que salen del pueblo y recorren el valle entre caseríos. Una de las más habituales sigue el curso del río hacia Aizarnazabal.
En la mesa, manda la cocina de temporada: carnes a la brasa, verdura, pescado del Cantábrico cuando toca, y sidra o txakoli. Para llevarte algo, funcionan bien quesos, conservas y dulces tradicionales.
Mejor época
Zestoa se disfruta especialmente en primavera y otoño, cuando el valle está verde y las temperaturas acompañan para caminar. En verano también se está bien, pero conviene contar con cambios de tiempo: aquí una chaqueta ligera suele tener sitio en la mochila.