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sobre Zumaia (Zumaya)
Cantábrico, acantilados y sabor marinero en el corazón vasco.
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La primera vez que fui a Zumaia iba con la idea de pueblo de costa: paseo, fotos y a otra cosa. Como cuando paras en un área de servicio solo para estirar las piernas. Y entonces te topas con un paisaje que parece de otro planeta y piensas: aquí hay más miga de la que esperaba.
Entre playa, acantilados y casco viejo, Zumaia tiene más capas de las que se ven desde la carretera.
Un pueblo que mira al río antes que al mar
Hay sitios pegados al puerto. Zumaia no es así. El centro histórico se levantó junto al río Urola, un poco hacia dentro, como si el mar se mirara con respeto.
El casco viejo gira alrededor de la iglesia de San Pedro. Es un edificio grande, de piedra oscura, que se ve desde casi cualquier punto. Las calles alrededor son estrechas y con bastante pendiente. De esas donde caminas tranquilo pero vas mirando al suelo porque el empedrado resbala cuando ha llovido, que aquí pasa a menudo.
Entre las casas aparecen palacios y edificios antiguos que recuerdan que por aquí pasó dinero. Gente que hizo carrera fuera y luego volvió a levantar casa en el pueblo. Es algo común en la costa vasca.
Las rocas que cuentan la historia
La playa de Itzurun es la razón por la que muchos acaban viniendo a Zumaia. Y cuando bajas entiendes rápido el porqué.
El flysch parece una tarta gigante hecha de capas de piedra. Filas y filas de estratos que salen del acantilado y se meten en el mar. No hace falta saber geología para quedarse mirando un buen rato. Es como ver un corte transversal del planeta.
Con marea baja se ve mejor. Puedes caminar por la arena oscura y acercarte a las formaciones de roca. Con marea alta el mar tapa casi todo y el plan cambia: toca mirar desde arriba, desde el paseo o los miradores del acantilado.
Por aquí también grabaron escenas de una serie famosa. Los vecinos lo cuentan con media sonrisa, como quien recuerda un rodaje corto pero lleno de fotos.
Bajar o no bajar a Itzurun: ese es el dilema
Mi consejo: mira antes la marea.
Con marea baja el paseo por la playa funciona bien. Se entiende mejor el paisaje y puedes recorrer la base del acantilado sin prisas.
Con marea alta el espacio se reduce mucho. En esos momentos compensa más caminar por arriba y acercarse al borde del acantilado. El contraste entre el verde, la roca gris y el Cantábrico suele ser lo que se te queda grabado cuando te vas.
Pescado, lonja y ritmo portuario
Zumaia sigue teniendo relación directa con el mar. No es un puerto enorme, pero la pesca forma parte del día a día.
Por la mañana temprano, cuando llegan las barcas, la zona de la lonja tiene movimiento. El pescado cambia de manos rápido y hay ambiente: cajas, voces, olor a sal mezclado con gasoil.
Luego todo eso acaba en las cocinas del pueblo. Aquí lo normal es tirar de producto del Cantábrico: marisco, merluza, bacalao o arroces con sabor a mar. Cocina bastante directa, sin demasiadas vueltas.
La subida hasta San Telmo
En uno de los extremos del acantilado está la ermita de San Telmo. Probablemente la hayas visto en fotos: una pequeña iglesia blanca pegada al borde del mar.
La caminata no es larga, pero tiene su cuesta. De esas que al principio parecen suaves y a mitad ya notas las piernas.
Arriba el paisaje se abre hacia toda la costa: flysch, prados verdes y el Cantábrico golpeando abajo. Entiendes rápido por qué ese punto lleva siglos siendo importante para gente vinculada al mar.
Lo práctico antes de ir
En verano Zumaia se llena bastante. No llega al nivel caótico de otros puntos turísticos vascos, pero aparcar puede ser complicado y en playa notarás más compañía.
Fuera del verano todo cambia mucho más tranquilo.El pueblo va a su ritmo habitual.Puedes pasear por el casco viejo,bajar a Itzurun o subir al acantilado sin esa sensación constante de prisa turística.Sabes,a tu aire.
Si me preguntas cuánto tiempo dedicarle,digo media jornada larga.Paseo por centro,bajada a playa,caminata por arriba,y algo para comer.Zumaia no necesita más.Y quizá sea mejor así.Hay sitios donde lo bueno está justamente en no intentar estirar demasiado lo visitable.Te vas habiendo visto algo distinto,y probablemente pensando en volver otro día sin tanta gente