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sobre Cañete de las Torres
Municipio de la campiña cordobesa con un castillo medieval integrado en el casco urbano y conocido por su festival de las flores que engalana sus calles cada primavera
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El olivo domina el paisaje cuando se llega a Cañete de las Torres desde la A‑4. Antes de entrar en el casco urbano hay un desvío que lleva hacia Torreparedones. Entre campos de cereal y olivar aparece el cerro donde se asentó una ciudad romana que más tarde continuó ocupada en época andalusí. A lo largo del siglo XIX comenzaron a aparecer restos de forma casual —labradores que encontraban piedras trabajadas, fragmentos de cerámica o monedas— y con el tiempo el lugar terminó convertido en parque arqueológico. Hoy es uno de los yacimientos más relevantes de la campiña cordobesa, aunque sigue siendo poco conocido fuera de la provincia.
El cerro del castillo
El nombre de Cañete procede de la fortaleza que domina el pueblo desde lo alto del cerro. El origen del recinto suele situarse en época islámica, probablemente entre los siglos X y XI, aunque lo que se conserva responde en buena parte a reformas posteriores realizadas tras la conquista castellana.
La torre principal es un volumen macizo que aún marca el perfil del pueblo. Desde arriba se entiende bien por qué se eligió este lugar: la vista alcanza la campiña que rodea el valle del Guadalquivir y los caminos que conectaban Córdoba con el este de la provincia. Durante la Baja Edad Media funcionó como punto de vigilancia en un territorio de frontera.
Con el paso de los siglos perdió su función militar y parte de sus materiales se reutilizaron en construcciones del propio pueblo, algo habitual en muchas fortalezas de la campiña. Aun así, el conjunto sigue siendo el hito más visible de Cañete.
La iglesia de Nuestra Señora de la Asunción
En la plaza principal se levanta la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción. El edificio actual responde sobre todo a reformas de los siglos XVII y XVIII, pero algunos elementos delatan un origen anterior. El campanario, construido en ladrillo, conserva rasgos que recuerdan a la tradición mudéjar.
El interior responde al lenguaje barroco habitual en esta parte de Córdoba: retablo mayor dorado, columnas salomónicas y una decoración pensada más para la devoción que para la monumentalidad. Cerca de la entrada se conserva una pila bautismal antigua, probablemente medieval, bastante sencilla en su talla pero interesante como testimonio de un templo anterior.
La parroquia está ligada a una de las celebraciones más importantes del calendario local, la dedicada a la Virgen del Campo, que tradicionalmente se celebra a comienzos de septiembre.
El pequeño museo municipal
Desde los años ochenta el municipio reúne buena parte de los hallazgos arqueológicos aparecidos en el término. La colección se guarda en el Museo Histórico Municipal, instalado en una casa señorial del siglo XIX.
Entre piezas romanas, cerámica andalusí y materiales prehistóricos destaca una pequeña tabla de bronce con una inscripción latina. Se trata de un documento jurídico conocido como pacto de hospitium, una fórmula de alianza entre comunidades de época romana. Este tipo de textos servía para formalizar acuerdos de hospitalidad y comercio entre ciudades.
El museo es modesto, pero ayuda a entender que el entorno de Cañete estuvo habitado mucho antes de que existiera el actual pueblo.
La Cueva del Yeso
A varios kilómetros del núcleo urbano, entre olivares y caminos agrícolas, se encuentra la llamada Cueva del Yeso. Es una cavidad excavada en materiales yesíferos por la acción del agua subterránea, algo poco frecuente en el valle del Guadalquivir.
La cueva alberga un pequeño curso de agua y una colonia de murciélagos protegida. Por motivos de conservación el acceso está restringido y la entrada permanece cerrada con una verja. Desde el exterior se distingue la boca de la cavidad y el entorno del arroyo que la alimenta.
Al atardecer, cuando los murciélagos salen a alimentarse, es cuando el lugar tiene más movimiento.
Orientación práctica
Cañete de las Torres está en la comarca del Alto Guadalquivir, al este de la ciudad de Córdoba, con acceso cercano desde la autovía A‑4. El pueblo se recorre caminando sin dificultad: calles en pendiente que suben hacia el cerro del castillo y un trazado típico de la campiña cordobesa, con casas encaladas y portones grandes.
La cocina local gira alrededor del aceite de oliva y de platos tradicionales de la zona. En determinadas fiestas y reuniones vecinales todavía aparecen preparaciones muy vinculadas al calendario agrícola, como migas o ensaladas de bacalao y patata.
En una jornada se pueden ver el castillo, la iglesia, el museo municipal y acercarse a Torreparedones. El resto del tiempo aquí suele discurrir al ritmo tranquilo de la campiña.