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sobre Humilladero
Pueblo de la vega antequerana rodeado de olivares y cercano a espacios naturales protegidos como la Sierrecilla
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Los lunes no hay pan en Humilladero. Lo dice el panadero mientras cierra el horno a las dos de la tarde. Son las 13:45 y quedan dos barras de pueblo. Me llevo una. Fuera, en la plaza, un señor lee el periódico sentado en el kiosco de los años 60. No hay turistas. Tampoco los esperan.
Cómo llegar y dónde dejar el coche
Desde Málaga, unos 60 y pico kilómetros por la A-45. Pasas Antequera y en pocos minutos estás. El pueblo queda pegado a la carretera.
Hay un aparcamiento grande detrás del ayuntamiento. Normalmente vacío. En verano se ven más coches por las fiestas, pero el resto del año sobra sitio.
Si vas hacia las cuevas, compensa dejar el coche cerca del polígono. Las calles del centro son estrechas y dar vueltas no tiene mucho sentido.
El nombre que nadie sabe explicar
Según una placa, en 1410 el infante Don Fernando se arrodilló aquí ante la espada de su padre. De ahí vendría el nombre de Humilladero. Eso dicen.
En el bar nadie lo tiene muy claro. Lo que sí saben es que la cruz que marca el lugar no es la original. La actual es relativamente reciente. Las anteriores desaparecieron con los años o en tiempos de guerra.
Hoy hay un pequeño mirador con bancos de piedra y una farola de forja. Alrededor, olivos. Muchos. Y el Pico Pillo cortando el horizonte cuando la mañana está despejada.
Lo que hay que ver (y lo que no)
La iglesia es normal. Reformada hace unas décadas. El campanario se ve desde casi cualquier punto del pueblo y sirve de referencia si te pierdes entre calles.
Las cuevas artificiales quedan a unos dos kilómetros. Se usaron para guardar grano. La llamada Cueva del Zapato tiene varias estancias y un hueco arriba que hacía de chimenea. Entras, miras y sales. No lleva mucho tiempo.
El paseo al Pico Pillo tiene más gracia. La subida es corta pero pica un poco. Arriba hay una cruz metálica y un banco de piedra. Cuando el día está claro, dicen que se alcanza a ver la laguna de Fuente de Piedra. No siempre hay suerte.
Cuándo ir y cuándo no
Primavera suele ser el mejor momento. Los campos están verdes y el calor todavía no aprieta.
Por abril celebran San Marcos. Montan casetas en el recinto ferial y hay música por la noche. En agosto también se mueve más gente con la romería de la Virgen del Rosario. El resto del año el ritmo es tranquilo.
En julio y agosto el sol cae fuerte y hay poca sombra. En invierno el frío se nota más de lo que parece en el mapa.
Consejo de sobreviviente
Humilladero funciona mejor como parada corta. Dos horas bastan.
Das una vuelta por la plaza, te acercas a las cuevas o subes al Pico Pillo si el día acompaña. Luego sigues camino. Antequera está cerca y tiene más movimiento.
Aquí la vida va a otro ritmo. Y el pueblo sigue pensado para quien vive en él, no para quien viene a hacer fotos. Eso, hoy en día, casi se agradece.