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sobre Baza
Capital del norte provincial famosa por la Dama de Baza; posee un rico patrimonio histórico y un entorno de badlands y sierra
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Baza ocupa una posición clara en el mapa del nordeste de Granada: el centro histórico se asienta en la Hoya de Baza, una depresión amplia rodeada de sierras que durante siglos funcionó como corredor natural entre el Levante y el interior de Andalucía. Cuando los Reyes Católicos entraron en la ciudad el 4 de diciembre de 1489 no tomaban una villa menor, sino Madinata Bastha, una plaza importante dentro del sistema defensivo nazarí en la frontera oriental del Reino de Granada. Parte de esa historia todavía se adivina en el urbanismo y en lugares como el barrio de las Cuevas, donde las viviendas excavadas en la ladera recuerdan hasta qué punto aquí el terreno ha condicionado la forma de habitar.
El cerro que cambió la historia local
En 1971, durante unas obras en el Cerro Cepero, apareció una de las piezas más conocidas de la arqueología ibérica: la Dama de Baza. La escultura, tallada en piedra y originalmente policromada, representa a una mujer sentada en un trono y se fecha en torno al siglo IV a.C. Hoy se conserva en el Museo Arqueológico Nacional, en Madrid.
El hallazgo confirmó la importancia de Basti, la ciudad íbera que ocupaba este territorio antes de la llegada de Roma. No era un asentamiento menor, sino un núcleo relevante en el sureste peninsular. La figura apareció dentro de una tumba y se interpreta generalmente como parte de un contexto funerario. En Baza, por lo demás, los hallazgos arqueológicos no son raros: la superposición de culturas —íbera, romana, islámica y cristiana— hace que cada movimiento de tierra saque a la luz fragmentos del pasado.
Casas que no son casas
El barrio de las Cuevas sigue siendo un barrio habitado. No se trata de una recreación ni de un conjunto museístico: son viviendas reales, adaptadas con electricidad, agua y las reformas necesarias para vivir hoy.
Las casas‑cueva aprovechan la consistencia arcillosa del terreno para excavar estancias dentro de la ladera. Muchas de estas viviendas se desarrollaron sobre todo a partir de los siglos posteriores a la conquista castellana, cuando parte de la población utilizó este sistema constructivo que ya existía en la zona. La ventaja es evidente: la temperatura interior se mantiene bastante estable durante todo el año.
Desde fuera, a menudo solo se ve una fachada sencilla incrustada en el talud. Detrás, las habitaciones se adentran en la tierra. Es una arquitectura muy ligada al territorio: sin esa geología concreta, simplemente no existiría.
Cuando Baza se tiñe de barro
El Cascamorras es la celebración más conocida de la ciudad. Se celebra cada septiembre y gira en torno a una tradición compartida entre Baza y Guadix. La historia que se repite suele situar el origen a finales del siglo XV, cuando un accitano intentó llevarse a Guadix una imagen de la Virgen de la Piedad encontrada en Baza. Los vecinos lo impidieron, y de ahí habría nacido la rivalidad festiva.
Hoy la escena es bastante clara: una persona disfrazada como Cascamorras corre hacia la iglesia mientras la multitud lo cubre de barro. El intento consiste en llegar limpio, algo que en la práctica nunca ocurre. La jornada termina con cientos de personas completamente negras de barro, entre risas y empujones, en una celebración que mezcla tradición, rivalidad simbólica y mucha participación local.
La sierra que lo mira todo
Al sur del municipio se extiende el Parque Natural de la Sierra de Baza, un macizo amplio que marca el horizonte de la ciudad. Los pinares de repoblación, las zonas de sabinar y los antiguos neveros hablan de un territorio que durante siglos se utilizó para pastos, madera y aprovechamientos de montaña.
Desde los puntos altos se entiende bien la geografía de la hoya: una llanura extensa rodeada de relieves que funcionan casi como un anfiteatro natural. El Cerro Cepero, donde apareció la Dama de Baza, forma parte de ese sistema de elevaciones suaves desde las que se domina el valle.
En verano, muchas rutas buscan la parte más fresca de la sierra, cerca de manantiales y barrancos donde corre el agua de forma estacional. En invierno, las cumbres altas pueden cubrirse de nieve algunos años, algo que cambia por completo el paisaje que se ve desde el casco urbano.
Cómo moverse despacio
El centro histórico se recorre andando sin demasiada dificultad. El Museo Arqueológico Municipal, instalado en el antiguo hospital de la ciudad, ayuda a entender la continuidad histórica del lugar y expone, entre otras piezas, una reproducción de la Dama de Baza.
Los baños árabes, redescubiertos en la década de 1970 cuando se pensaba que habían desaparecido, conservan la estructura clásica de tres salas abovedadas con lucernarios. Son de tamaño contenido, pero permiten imaginar cómo funcionaban estos espacios en la ciudad islámica.
De la Alcazaba queda menos de lo que sugiere el nombre. Hoy el cerro funciona más como mirador y parque, aunque la posición sigue explicando por qué fue un punto defensivo clave durante el asedio de 1489.
Para fijarse en la arquitectura civil conviene pasar por el barrio de Santiago, donde sobreviven casas de los primeros tiempos de la repoblación cristiana, algunas con escudos tallados en piedra. Y los martes hay mercado semanal: más que una atracción, es parte de la vida cotidiana de la ciudad.
Baza está conectada por carretera con Granada a través de la A‑92N. El municipio es relativamente amplio, pero el centro se puede recorrer a pie una vez aparcado el coche. El barrio de las Cuevas queda algo más apartado y requiere subir hacia la ladera donde empiezan a excavarse las viviendas.