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sobre Lahiguera
Pueblo de la campiña con vistas al valle del Guadalquivir; antigua Higuera de Arjona
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En la Campiña de Jaén, el mapa está marcado por el olivar. Lahiguera se entiende desde ahí. El pueblo aparece en medio de una llanura agrícola continua, a unos 220 metros de altitud. Hoy viven aquí alrededor de 1.560 personas. La vida local sigue ligada a la campaña de la aceituna y a la producción de aceite.
El origen del municipio está relacionado con la reorganización del territorio tras la conquista castellana de Jaén en el siglo XIII. Durante los siglos siguientes surgieron pequeños núcleos agrícolas en esta campiña. Lahiguera aparece citada en documentación posterior, cuando el campo empezó a estructurarse en torno a cortijos y tierras de labor. La agricultura marcó desde entonces la forma del pueblo y su economía.
Su trazado es sencillo. Calles cortas, casas blancas de dos plantas y patios interiores. No hay grandes conjuntos monumentales. Aun así, el casco urbano muestra bien cómo han vivido generaciones dedicadas al campo.
La iglesia y el centro del pueblo
La Iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación ocupa el centro del casco urbano. El edificio actual responde sobre todo a reformas de época moderna. En muchos pueblos de la campiña ocurrió algo parecido. Las parroquias se ampliaban o reconstruían según crecían los vecinos y los recursos.
La fachada es sobria. Dentro aparecen elementos añadidos en distintas etapas. Más que una obra artística aislada, la iglesia funciona como referencia del pueblo. La plaza y las calles cercanas organizan la vida diaria desde hace siglos.
Alrededor se conservan viviendas tradicionales. Algunas mantienen portadas sencillas de piedra y balcones de forja. Son detalles modestos, pero hablan de épocas en las que la agricultura generaba cierta estabilidad económica.
El paisaje del olivar
El término municipal está cubierto casi por completo de olivares. La campiña aquí es abierta y ondulada. Las hileras de olivos siguen la forma suave del terreno.
Muchos árboles tienen décadas. Algunos parecen mucho más antiguos, aunque es difícil fecharlos con precisión. Son parte de un sistema agrícola que se ha transmitido de generación en generación. La recolección sigue marcando el calendario local.
En invierno el movimiento es constante. Tractores, remolques y cuadrillas trabajando en las fincas. Fuera de campaña el paisaje se vuelve tranquilo.
Caminos agrícolas y vida cotidiana
Los caminos rurales conectan el pueblo con las explotaciones agrícolas. Muchos nacieron como vías de trabajo hacia los cortijos. Hoy también se usan para caminar o recorrer el entorno con calma.
Son recorridos fáciles. La campiña apenas tiene grandes pendientes. El interés está en observar el paisaje agrícola y cómo se organiza el territorio.
La cocina local también gira en torno al aceite de oliva. En muchas casas se siguen preparando platos sencillos ligados al trabajo del campo. Migas, guisos y gazpachos de temporada aparecen según la época del año.
Durante la campaña de molienda, algunas almazaras suelen recibir visitas. Es el momento en que la aceituna entra en el molino y se transforma en aceite nuevo.
Fiestas y calendario tradicional
Las celebraciones siguen un calendario muy ligado a las costumbres rurales. En enero se celebra San Antón. La bendición de animales y productos del campo mantiene una tradición antigua en muchos pueblos jiennenses.
La Semana Santa tiene un carácter local y participativo. Las cofradías reúnen a familias que llevan años vinculadas a ellas.
En verano llegan las fiestas patronales dedicadas a la Virgen de la Encarnación. Son días de reunión para vecinos y gente que vuelve al pueblo desde otras ciudades.
Cómo acercarse
Lahiguera está en la zona central de la Campiña de Jaén, entre extensiones continuas de olivar. Se llega por carretera desde la capital jiennense en un trayecto relativamente corto.
El pueblo se recorre con facilidad a pie. En poco tiempo se entiende su escala y su relación con el campo. Si interesa el paisaje agrícola, conviene salir también por los caminos que rodean el casco urbano. Ahí se ve con claridad qué sostiene realmente la vida del lugar.