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sobre Lopera
Villa calatrava con un castillo en el centro del pueblo y bodegas históricas
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Cuando hablas de turismo en Lopera casi todo acaba llevándote al mismo sitio: el castillo. Tiene esa pinta de fortaleza que uno habría montado con piezas de Lego de pequeño: cinco torrecitas repartidas por los lados y dos más contundentes en el centro, como si al arquitecto se le hubiera venido arriba con las torres y ya nadie se atreviera a decirle que parara. Desde arriba lo que ves es básicamente la Campiña de Jaén en estado puro: un mar de olivos que parece no terminar nunca, con el Guadalquivir pasando por el norte como quien no quiere molestar.
El día que Cervantes vino a por trigo
Sí, has leído bien. El autor del Quijote pasó por Lopera en 1592. No venía a buscar paisajes ni historias, sino trigo. En aquella época trabajaba como recaudador para la Corona y estaba recogiendo cereal para abastecer a la flota. Se alojó varios días en la llamada Casa de la Tercia, donde se almacenaban los diezmos.
A mí siempre me hace gracia imaginar la escena: Cervantes haciendo cuentas y discutiendo con los vecinos por el grano mientras nadie sospechaba que aquel tipo acabaría escribiendo uno de los libros más famosos de la historia. La Casa de la Tercia sigue en pie y tiene ese aire serio de edificio antiguo que ha visto pasar demasiadas cosas como para presumir de ellas.
Cuando el pueblo se convirtió en frente de guerra
En diciembre de 1936 el nombre de Lopera apareció en los mapas militares. Durante varios días la zona fue escenario de combates muy duros entre tropas sublevadas y unidades republicanas, entre ellas brigadistas internacionales. A ese episodio se le suele llamar Batalla de Lopera.
Por los alrededores del pueblo, sobre todo en el campo, todavía se conservan restos de trincheras y posiciones defensivas. No es un sitio preparado como museo ni nada parecido: son más bien marcas en la tierra roja que recuerdan que aquí hubo un frente. Resulta curioso caminar entre olivos sabiendo que, no hace tanto, aquello era otra cosa.
El castillo y una historia curiosa sobre toros
El Castillo de Lopera es pequeño comparado con otras fortalezas andaluzas, pero tiene una historia curiosa detrás. En su Torre del Homenaje, según se suele contar, se redactó en el siglo XVI uno de los primeros tratados sobre tauromaquia en España.
Imagínate la escena: alguien escribiendo sobre cómo lidiar un toro mientras desde las almenas se veía el campo de la campiña extendiéndose alrededor. El manuscrito original terminó en una biblioteca universitaria lejos de aquí, pero la historia sigue ligada al castillo y suele salir en cualquier conversación sobre el lugar.
Donde las albóndigas llevan jamón y el potaje, ciruelas
La cocina de Lopera tiene ese punto casero que encuentras en muchos pueblos de la campiña, pero con combinaciones que al principio sorprenden. Las albóndigas de jamón y gallina son una de esas recetas que aparecen mucho en casas del pueblo.
Luego está el potaje con ciruelas y orejones. Sobre el papel suena extraño: garbanzos con fruta dulce. Pero cuando lo pruebas entiendes por qué la receta sigue viva. Ese contraste entre dulce y salado es muy de cocina antigua, de aprovechar lo que había en la despensa.
Y todo, claro, con aceite de oliva de la zona. Aquí el olivo no es paisaje: es la base de casi cualquier plato.
Mi consejo de amigo
Lopera no es un sitio donde vayas a llenar tres días de visitas. Es más bien una parada tranquila en mitad de la Campiña de Jaén. Subes al castillo, das una vuelta por el centro, te asomas a las vistas y entiendes rápido cómo funciona el lugar.
Yo lo haría así: llegar por la mañana, subir primero al castillo antes de que el sol empiece a apretar y luego bajar hacia la plaza para sentarte un rato y ver pasar la vida del pueblo. En un par de horas te haces una idea bastante clara.
A veces eso es justo lo que apetece en un viaje por esta zona: parar un momento, mirar los olivos alrededor y seguir camino.