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sobre Castilléjar
Situado entre los ríos Guardal y Barbata; famoso por sus casas cueva y los badlands que conforman un paisaje semidesértico único
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A esa hora en que el sol empieza a tocar las paredes blancas, Castilléjar todavía suena a persianas que se levantan y a pasos aislados en la acera. El aire trae olor a tierra seca y a leña vieja. En ese momento se entiende mejor el ritmo del pueblo: pocas prisas, calles estrechas y conversaciones que viajan de puerta en puerta.
Castilléjar queda a unos quince kilómetros de Huéscar, en el norte de la provincia de Granada. El terreno alrededor es duro, de tonos ocres, con parcelas de cereal y olivares que se abren hacia una llanura amplia. No hay una entrada monumental al pueblo. Llegas por carretera, aparcas cerca del centro y en dos minutos ya estás caminando entre casas bajas encaladas.
La iglesia y el centro del pueblo
La Iglesia de la Encarnación aparece casi sin aviso entre las calles del centro. El edificio original es del siglo XVI, aunque ha tenido varias reformas. La fachada es sobria. Piedra clara, líneas rectas, una torre que sobresale lo justo sobre los tejados.
Dentro la luz es suave. Se conservan retablos barrocos y algunas imágenes más recientes que siguen teniendo uso en las celebraciones del pueblo. La puerta suele abrirse por la mañana, aunque depende del día y de quién tenga la llave.
A pocos metros está la Plaza de la Constitución. No es grande. Un espacio abierto donde se cruzan varias calles y donde la gente se sienta un rato después de comer o al caer la tarde. Si pasas por allí un sábado por la tarde, verás corrillos pequeños y niños moviéndose en bicicleta entre los bancos.
Restos del castillo y la vista sobre la Hoya de Huéscar
En una zona algo más elevada quedan los restos del antiguo castillo. No esperes un conjunto completo. Son fragmentos de muros y alguna torre muy erosionada. La piedra tiene ese color pálido que coge la caliza cuando lleva siglos al sol.
Desde arriba el paisaje se abre bastante. Se distingue la llanura de la Hoya de Huéscar, con parcelas que cambian de color según la época del año. En días claros la vista llega lejos, sobre todo al final de la tarde, cuando las sombras empiezan a marcar los relieves del terreno.
Conviene subir con calzado cómodo. Algunas cuestas son de tierra suelta y, después de lluvia, pueden resbalar.
Caminos alrededor del pueblo
Fuera del casco urbano salen varios caminos agrícolas. No son rutas señalizadas en todos los casos, pero se usan para andar o ir en bicicleta. El terreno es bastante abierto. En primavera aparecen manchas rojas de amapolas entre los ribazos y el aire trae el zumbido constante de insectos.
En otoño el paisaje cambia de tono. Más marrones, más polvo en el camino. A cambio el cielo suele estar muy limpio y es fácil ver rapaces planeando sobre los campos.
Conviene evitar las horas centrales en verano. El sol cae con fuerza y hay poca sombra fuera del pueblo.
Cuevas y arquitectura excavada
En los alrededores aparecen viviendas excavadas en la tierra caliza, conocidas en la zona como casas cueva. Algunas siguen habitadas. Otras se reconocen por las chimeneas blancas que sobresalen del terreno, como pequeños cilindros alineados en la ladera.
La temperatura dentro suele mantenerse estable durante todo el año. En verano se nota especialmente al entrar desde la calle, donde el calor aprieta.
La zona conocida como El Moral concentra varios ejemplos de este tipo de construcciones. Desde fuera, al mediodía, el contraste entre el blanco de las chimeneas y el azul del cielo es muy marcado.
Fiestas y tradiciones que aún se mantienen
El calendario festivo gira en torno a la Virgen de la Encarnación, cuya celebración suele hacerse a finales de marzo. El ambiente es local. Actos religiosos, reuniones familiares y movimiento en las calles cercanas a la iglesia.
En agosto llegan las fiestas de verano. El pueblo cambia de ritmo durante unos días. Vuelven muchos vecinos que viven fuera y por la noche la plaza se llena más de lo habitual.
La Semana Santa se vive de forma discreta, con procesiones cortas por calles estrechas. En primavera también sobreviven los llamados Mayos, cantos tradicionales que algunos grupos siguen interpretando en casas y plazas.
Comer y moverse por Castilléjar
La cocina del pueblo sigue muy ligada al campo. Aceite de oliva, carne de cerdo, verduras de temporada y recetas que pasan de una generación a otra. En invierno es común encontrar platos contundentes; cuando llega el calor aparecen preparaciones más ligeras y gazpachos de la zona.
Para llegar desde Granada capital lo habitual es salir por la A‑92N hacia Guadix y continuar después hacia la comarca de Huéscar. El trayecto ronda la hora y media en coche.
Primavera y otoño suelen ser los meses más cómodos para caminar por el pueblo y por los caminos cercanos. En verano conviene madrugar o esperar a la tarde. A mediodía, la luz cae muy vertical sobre las paredes blancas y el calor se queda atrapado en las calles estrechas.