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sobre Jerez del Marquesado
Pueblo minero y serrano con gran patrimonio industrial; punto de partida para ascensiones a Sierra Nevada y ruta del avión
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A primera hora de la mañana, cuando el sol empieza a tocar las laderas de Sierra Nevada, el aire en Jerez del Marquesado baja frío desde la sierra. En invierno es fácil encontrar escarcha en los bordes del camino y en los tejados. A esa hora apenas se oye nada: alguna puerta que se abre, un coche que arranca despacio, el sonido seco de los pasos sobre la tierra dura.
Jerez del Marquesado está a unos 1.230 metros de altitud, en la cara norte de Sierra Nevada, dentro de la comarca de Guadix. El pueblo se estira por la ladera con calles estrechas y casas blancas de ventanas pequeñas, pensadas para guardar el calor en invierno. Los aleros de madera, bastante visibles en algunas fachadas antiguas, todavía recuerdan cómo se construía aquí cuando la nieve formaba parte habitual del paisaje durante meses.
Desde varios puntos del pueblo asoman los picos de Sierra Nevada. En los días claros de invierno la nieve parece estar mucho más cerca de lo que realmente está, como si cerrara el horizonte por completo. Hacia el norte, en cambio, el paisaje cambia: el terreno se abre hacia las tierras erosionadas del Geoparque de Granada, con barrancos y lomas de colores ocres y grises.
La ganadería sigue presente en los alrededores. No es raro ver pequeños rebaños en los caminos o escuchar cencerros a media mañana. También quedan huertas y parcelas trabajadas a pequeña escala, muchas junto a acequias que bajan desde la sierra.
Qué ver en Jerez del Marquesado
La iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Anunciación ocupa uno de los puntos más visibles del pueblo. Es un edificio sobrio, de muros gruesos y piedra local, con una torre campanario sencilla que se reconoce desde varias calles. La fachada encalada y la puerta de madera oscurecida por los años dan una idea bastante clara de la arquitectura religiosa de estos pueblos de montaña: funcional, sin demasiados adornos.
El casco urbano se recorre en poco tiempo. Son unas cuantas calles que suben y bajan con pendientes suaves, empedradas en algunos tramos. Las casas mantienen la línea tradicional: fachadas blancas, portones de madera y pequeñas ventanas. En invierno muchas chimeneas humean a media tarde, y el olor a leña quemada se queda flotando entre las calles cuando cae el sol.
A medida que se sube por el pueblo aparecen miradores naturales entre las casas. Desde allí se ve el valle del río Alhama y, más allá, el terreno quebrado del Geoparque de Granada. Los tonos cambian mucho según la hora: por la mañana predominan los grises claros; al atardecer la tierra se vuelve rojiza y las sombras de los barrancos se alargan.
Caminar entre barrancos y laderas de Sierra Nevada
Alrededor de Jerez del Marquesado hay varios caminos rurales que salen directamente del pueblo. Algunos siguen antiguas vías agrícolas y otros suben hacia zonas más cercanas a la sierra. Son recorridos tranquilos, sin grandes desniveles al principio, aunque el terreno puede ser pedregoso en ciertos tramos.
En dirección norte aparecen los barrancos y lomas erosionadas que forman parte del Geoparque de Granada. El paisaje aquí es más seco y abierto: matorrales bajos, alguna encina aislada y suelos de colores que cambian entre el beige, el naranja y el gris. Con un poco de paciencia se pueden ver cabras montesas moviéndose por las laderas más escarpadas.
Si se camina hacia el sur, el paisaje empieza a cambiar poco a poco. Aparecen pinares y zonas donde la humedad de la sierra se nota más en el suelo y en la vegetación. En verano conviene salir temprano; el sol cae fuerte a partir del mediodía y apenas hay sombra en muchos caminos.
Vida rural que todavía sigue en marcha
Buena parte de la actividad del pueblo sigue ligada al campo. En los alrededores hay corrales, pequeñas explotaciones ganaderas y secaderos tradicionales que aún se utilizan en algunas épocas del año. No es algo preparado para visitantes: simplemente forma parte del ritmo normal del lugar.
La cocina local también nace de esa economía de montaña. En muchas casas se siguen preparando platos contundentes cuando llega el frío, como migas hechas con pan del día anterior o guisos con carne de cordero segureño. En verano aparecen recetas más ligeras y sopas frías, pensadas para los días de calor seco.
Cielos muy oscuros al caer la noche
Cuando anochece, Jerez del Marquesado queda casi a oscuras salvo por unas pocas farolas. La sierra bloquea gran parte de la luz de otros núcleos y el cielo suele verse muy limpio.
Si te alejas un poco del casco urbano —basta caminar unos minutos por cualquier camino agrícola— las estrellas aparecen con mucha claridad en noches despejadas. En invierno el aire frío suele dejar una visibilidad especialmente buena.
Tradiciones que siguen siendo del pueblo
Las fiestas patronales dedicadas a Nuestra Señora de la Anunciación se celebran en verano y todavía mantienen un carácter muy vecinal. Las procesiones recorren las calles principales y es habitual ver a familias enteras siguiendo el recorrido mientras cae la tarde.
A lo largo del año también se mantienen tareas agrícolas tradicionales: poda, recogida de almendras o trabajos relacionados con el ganado. Algunas costumbres domésticas, como la matanza del cerdo, siguen existiendo en ciertas casas, aunque cada vez son menos frecuentes y suelen quedar en el ámbito familiar.
Datos útiles para visitar Jerez del Marquesado
Desde Granada capital se tarda algo más de una hora en coche. Lo habitual es llegar primero a Guadix por la A‑92 y desde allí continuar por carreteras comarcales que se van acercando poco a poco a la ladera de Sierra Nevada.
La primavera y el otoño suelen ser los momentos más cómodos para recorrer la zona a pie. En invierno el frío se nota bastante, sobre todo al caer la tarde, y no es raro que aparezcan heladas por la mañana. En verano, en cambio, conviene moverse temprano y dejar las horas centrales del día para descansar.
Jerez del Marquesado no tiene prisa. El pueblo funciona a su ritmo, marcado por el clima de la sierra y por el trabajo en el campo. Quien llegue con tiempo para caminar despacio y mirar el paisaje sin reloj lo entiende enseguida.