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sobre Lanteira
Pueblo blanco de montaña con calles estrechas y empinadas; tradición taurina y acceso a paisajes de alta montaña
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A primera hora de la mañana, cuando el sol empieza a tocar los muros encalados, el pueblo todavía está medio en silencio. Alguna puerta se abre, se oye una escoba rozando el suelo y el aire baja fresco desde la sierra. En Lanteira, en la comarca de Guadix, la luz entra despacio por las calles en pendiente y deja ver paredes de cal, piedra vieja en los zócalos y macetas que alguien regó antes de que apretara el calor.
Este pueblo, con algo más de quinientos vecinos, se asienta a unos 1.200 metros de altitud en la vertiente norte de Sierra Nevada. Desde el borde del casco urbano el terreno cae hacia un valle seco, salpicado de huertos en terrazas y laderas donde se mezclan pinos, almendros y manchas de matorral. En invierno las cumbres cercanas suelen aparecer blancas; en verano el paisaje se vuelve más áspero, con tonos ocres y grises que reflejan bien el clima de esta parte de la provincia.
El centro del pueblo y su historia
La iglesia de Nuestra Señora de la Anunciación marca el centro de Lanteira. Su origen se sitúa en el siglo XVI, y desde fuera se reconocen todavía algunos rasgos de aquella época, aunque el edificio ha tenido reformas con los años. La torre del campanario sobresale por encima de los tejados y sirve de referencia cuando uno se pierde por las calles.
El casco urbano sigue la lógica de muchos pueblos de montaña: calles estrechas que suben y bajan sin demasiada geometría, casas pegadas unas a otras para protegerse del frío y del viento, y pequeños recodos donde a veces aparece una fuente o un banco a la sombra. En algunos portones abiertos se adivinan patios interiores con parras o leña apilada para el invierno.
La plaza concentra buena parte de la vida diaria. A media mañana suele haber movimiento: vecinos que se saludan, alguien que cruza con el coche despacio, el sonido del agua de la fuente si uno se acerca.
Caminos hacia la sierra
Desde el propio pueblo salen varios caminos que se internan en las laderas de Sierra Nevada. Algunos siguen el trazado de antiguas acequias de riego; otros suben entre pinos jóvenes y claros desde los que se abre el valle del río Alhama.
En primavera el contraste es fuerte: almendros en flor, hierba nueva entre las piedras y el fondo todavía nevado de la sierra. En verano el terreno se vuelve mucho más seco y el sol cae con fuerza, así que conviene salir temprano y llevar agua suficiente. No hay demasiada sombra en muchos tramos.
Los senderos suelen ser sencillos de seguir, aunque algunos ganan altura rápido. Buen calzado y mirar el parte del tiempo antes de salir no está de más, sobre todo en invierno, cuando el hielo puede aparecer en las zonas más altas.
Acequias, huertos y paisaje
Si uno se aleja unos minutos del centro aparecen las acequias que todavía riegan pequeños huertos familiares. El agua corre lenta por canales estrechos de tierra y piedra, un sistema antiguo que sigue funcionando gracias al mantenimiento de los propios vecinos.
A finales de invierno y principios de primavera los almendros cambian el color de las laderas durante unos días. No dura mucho: una semana buena, a veces menos si llega viento. Quien quiera verlo debería estar pendiente del momento, porque cada año se adelanta o se retrasa un poco.
Lo que se come en la sierra
La cocina aquí es la que corresponde a un pueblo de montaña del interior de Granada: platos contundentes y recetas que nacieron para aguantar jornadas largas. Las migas aparecen cuando aprieta el frío, a menudo acompañadas de productos de matanza. El choto en salsa también es habitual en muchas casas.
La almendra tiene presencia en dulces caseros que suelen prepararse en fechas señaladas o cuando hay reuniones familiares.
Fiestas y costumbres
La patrona del pueblo, Nuestra Señora de la Anunciación, se celebra tradicionalmente a finales de marzo. Las procesiones recorren las calles del casco antiguo, bastante estrechas en algunos tramos, y el ambiente es más de vecinos que de grandes multitudes.
En verano suelen organizarse las fiestas del pueblo, con música en la plaza y gente que vuelve esos días después de pasar el año fuera. Por la noche corre algo de aire desde la sierra y la plaza se llena más que durante el día.
La matanza doméstica todavía se mantiene en algunas casas cuando llega noviembre, aunque forma parte de la vida privada de las familias y no de algo pensado para quien viene de fuera.
Cuándo acercarse
La primavera es un buen momento para recorrer los alrededores a pie: temperaturas suaves y la sierra todavía con nieve en las cumbres. El otoño también tiene días muy claros, con una luz limpia que se nota mucho al caer la tarde.
En verano el calor aprieta al mediodía. Lo más sensato es madrugar, caminar por la mañana y dejar las horas centrales para la sombra. En invierno el frío se hace notar a esta altitud, sobre todo cuando sopla viento desde la sierra.
Lanteira no es un lugar de paso rápido. Es más bien un pueblo para caminar sin rumbo durante un rato, sentarse un momento en la plaza y mirar cómo cambia la luz en las laderas a medida que avanza la tarde.